Mi?rcoles, 15 de junio de 2005
El ex Juez Guzm?n -que acaba de lanzar en Espa?a su ?ltimo libro "Al borde del mundo, Memorias del Juez que proces? a Pinochet"- se?al? en entrevista con el diario espa?ol "El Pa?s" que recibi? presiones de pol?ticos chilenos -no de la oposici?n precisamente- para que no procesara a ex militares del ex gobernante Augusto Pinochet.
Conozcan amigos cibernautas qui?nes son estos personajes. Texto completo de la entrevista:
ENTREVISTA: JUAN GUZM?N EX JUEZ DE LA CORTE DE APELACIONES DE SANTIAGO DE CHILE

"La Corte Suprema ampar? los cr?menes de la dictadura"

"Te debes retirar del 'caso Pinochet' o vas a traicionar a tu clase social", le advirti? un viejo amigo. Pero Juan Guzm?n, magistrado de la Corte de Apelaciones de Santiago, no par? hasta procesar al general Sergio Arellano Stark; al mism?simo ex dictador, general Pinochet; al jefe de la polic?a pol?tica, Manuel Contreras, y a decenas de militares. Guzm?n, a quien la derecha vio como el juez conservador que salvar?a a Pinochet, le convirti? en prisionero de la ley.

ERNESTO EKAIZER

Un nombramiento por sorteo

"Celebr? con mi familia el golpe de Estado militar. Pero cuando supimos que el presidente Allende hab?a muerto, tras el bombardeo del Palacio de La Moneda, la alegr?a toc? a su fin" "Los desaparecidos eran v?ctimas de lo que, entonces, proced? a llamar un 'secuestro permanente' a?n vigente. Por tanto, no estaba cubierto por la ley de Amnist?a" "Las presiones fueron casi siempre intensas. Primero recib? 'recomendaciones' en torno al general Sergio Arellano, a quien yo estaba por procesar en el caso 'caravana de la muerte".

El magistrado de la Corte de Apelaciones de Santiago, Juan Guzm?n, el juez que proces? en Chile al ex dictador Augusto Pinochet e investig? los grandes cr?menes de la dictadura, elabor? durante tres a?os sus memorias. Ahora, a sus 65 a?os, tras jubilarse, ha publicado En el borde del mundo. Memorias del juez que proces? a Pinochet. He aqu? extractos del largo di?logo que el juez Guzm?n mantuvo con EL PA?S.

Pregunta. ?Recuerda qu? hac?a usted el 11 de septiembre de 1973?
Respuesta. S?, claro. Acababa de regresar a Chile desde Francia, con mi mujer y mi hija, el d?a
anterior, el 10 de septiembre. Intent? all?, sin ?xito, conseguir trabajo. La ma?ana del 11, en la casa de mis padres, en Vi?a del Mar, mi madre nos despert? euf?rica. El Gobierno de Salvador Allende hab?a sido derrocado. Celebr? con mi familia el golpe de Estado militar. Antes de desayunar, recuerdo, bebimos champa?a. Cuando supimos que el presidente Allende hab?a muerto, tras el bombardeo del Palacio de la Moneda, la alegr?a toc? a su fin. Allende era amigo de mi padre, el poeta Juan Guzm?n Cruchaga, desde los a?os cuarenta. Un t?o m?o, hermano de mi madre, estudi? la carrera de medicina junto con Allende. No est?bamos de acuerdo con su pol?tica, pero era una persona encantadora. Lo quer?amos como ser humano y apreci?bamos su car?cter consecuente. Despu?s del golpe del 11 de septiembre pens? durante cierto tiempo que retornar?a la normalidad. S? que comet? un error.
Yo era un abogado de principios democr?ticos. Fue inconsecuente de mi parte haber apoyado el golpe del 11 de septiembre. Cr?ame que me arrepiento profundamente...
P. En julio de 1996 se presentan en Espa?a una denuncia y una querella contra Pinochet. En enero de 1998 le nombran a usted en Chile para resolver sobre la primera querella contra Pinochet. ?El ex dictador y sus abogados creyeron que con su nombramiento pod?an dormir tranquilos?
R. La gente de derecha -los "duros" en el Ej?rcito y en la Corte Suprema- parec?a estar muy tranquila y confiada en que si estos temas estaban en mis manos, no iba a pasar nada. Estudi? los hechos. La dirigente comunista Gladys Mar?n, que present? la querella, acusaba a Pinochet, y s?lo a ?l, del secuestro y asesinato de la c?pula del partido comunista en 1976, en la que estaba su marido, Jorge Mu?oz, en un domicilio de la calle de Conferencia de Santiago.
Cuando admit?, el 20 de enero de 1998, la querella de la dirigente comunista Gladys Mar?n por la
desaparici?n de su esposo, hubo un peque?o terremoto.
P. ?C?mo razon? para admitir la querella?
R. Al estudiar los hechos tuve que hacer una interpretaci?n jur?dica creativa. El decreto-ley que
Pinochet hab?a promulgado en 1978 amnistiaba los cr?menes cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978. Los verdugos de las personas torturadas y ejecutadas en ese periodo quedaban impunes. Problema: ?c?mo calificar hechos en los que los cuerpos de las v?ctimas segu?an sin aparecer?
Hab?an sido secuestradas, s?, pero no se hab?a vuelto a saber de ellas.
P. Pinochet hab?a usado este m?todo como una forma creativa en Am?rica Latina basado en la Alemania nazi. Esto es, borrar la existencia misma de los cr?menes...

R. S?, claro. En Chile, la figura era secuestro. Pero el delito segu?a produciendo efectos despu?s de 25 a?os. Porque era imposible probar que esas personas estaban muertas. Los desaparecidos eran v?ctimas de lo que, entonces, proced? a llamar un "secuestro permanente" a?n vigente. Por tanto, no estaba cubierto por la ley de Amnist?a.
P. El m?todo de eliminaci?n limpio, seguro y definitivo, se volvi?, seg?n esta interpretaci?n, en
contra de Pinochet y sus colaboradores como un bumer?n.
R. As? fue. ?Hay que aplicar el derecho creativamente!
P. Ese a?o de 1998, 25 a?os despu?s del 11 de septiembre de 1973, ?recuerda usted el 16 de octubre?
R. ?C?mo se le ocurre que puedo recordar tanto, ja, ja, ja! S?, claro. Estaba yo en Copiap?, en el norte de Chile. Buscaba restos de personas detenidas-desaparecidas en el cementerio municipal.
Avanzada la tarde, con mucho cansancio y con polvo hasta las cejas, regres? al Cuartel de
Investigaciones, donde me alojaba. Subimos al comedor con mis colaboradores para tomar algo. Y all? estaba la televisi?n anunciando la bomba: ?Pinochet hab?a sido detenido!
P. ?Se le escapaba, pues, el gran acusado de las manos?
R. En aquel momento me sent? aliviado. Pens? que me hab?a quitado de encima una enorme tarea y que se llegar?a a la justicia por la v?a de la jurisdicci?n universal en Espa?a, a iniciativa del juez Baltasar Garz?n. Es lo que se ten?a que hacer. Aqu? o en Espa?a.
P. Cuando Pinochet estaba todav?a en Londres, usted anticip? que si regresaba le someter?a a ex?menes mentales. ?Sospechaba que su demencia senil pod?a ser un montaje?
R. Recuerdo que todas las presiones que recib?a en Santiago iban, en 1999, hacia una direcci?n. Yo deb?a olvidarme del texto de la ley. La ley es muy precisa cuando ordena que a las personas mayores de 70 a?os se les debe practicar ex?menes mentales para conocer su estado. El consejo, por as? decir, que me daban Jorge Rodr?guez, a cargo del Instituto M?dico Legal, o el ex ministro del Interior del Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle Carlos Figueroa Serrano era que se pod?a ayudar a Pinochet en este punto. Esto es: evitar ex?menes psicol?gicos. No hab?a que hacerle un examen sobre sus facultades mentales, sino s?lo sobre su estado f?sico. Esto era contrario a lo que establece el C?digo de Procedimiento Penal chileno.
P. Mientras Pinochet estaba bajo arresto en el Reino Unido, ?le sugirieron que ordenara su detenci?n para lograr su extradici?n a Chile como v?a para "salvarle" de la justicia internacional?
R. S?, un abogado, viejo conocido m?o, me sugiri? que deb?a conocer a un general retirado que en aquellos momentos era senador. Se trataba de Santiago Sinclair, vicecomandante en jefe del Ej?rcito desde 1986 e integrante desde 1989 de la junta militar presidida por Pinochet. La reuni?n abordar?a las posibilidades de lograr el retorno de Pinochet a Chile. Qui?n llev? la conversaci?n fue el abogado. Me propuso dictar una orden de detenci?n contra Pinochet. Esta medida lograr?a, explic?, el apoyo incluso de los abogados querellantes en las causas contra Pinochet. Y la defensa no se opondr?a. El Reino Unido, ante una petici?n as?, segu?a el razonamiento, dar?a prioridad a Chile frente a Espa?a. Una vez Pinochet aqu?, razon? en voz alta el letrado, la justicia chilena encontrar?a la manera de evitar su procesamiento. Este abogado pensaba que yo estaba en el juego de protecci?n. El senador Sinclair hac?a de testigo.
Fueron muy amables. Les dije que no proced?a.
P. ?Podr?a describir qui?nes ejercieron las presiones para encontrar un atajo y salvar a Pinochet y otros acusados de la acci?n judicial?
R. Las presiones fueron intensas durante casi todo mi trabajo. Primero recib? una serie de recomendaciones en torno a la figura del general Sergio Arellano Stark, a quien yo estaba por procesar, en 1999, en el caso caravana de la muerte por 75 cr?menes (57 ejecuciones y 18 secuestros permanentes). El senador Adolfo Zald?var, actual presidente de la Democracia Cristiana, intent? persuadirme con los argumentos de que Arellano era muy cat?lico y de que se trataba de un hombre honorable, af?n a la tendencia pol?tica democristiana, ya que hab?a llegado a ser edec?n del presidente Eduardo Frei Montalva en 1970. Seg?n Zald?var, Arellano, a quien se le conoce como El Lobo, no pod?a estar implicado en los delitos que yo le estaba imputando tras tomarle declaraci?n y someterle a varios careos. Me explic? que seg?n la jurisprudencia de la Corte Suprema, la ley de Amnist?a cubr?a las acciones de Arellano. Zald?var vino dos veces a mi casa del barrio de Providencia. Y qued? en venir una tercera, en compa??a del entonces senador Enrique Krauss [ex ministro del Interior del Gobierno de Patricio Aylwin, ex presidente de la Democracia Cristiana, actual embajador de Chile en Madrid y hermano del capit?n del Ej?rcito Jaime Krauss, que fue procesado m?s tarde por los fusilamientos del campo de concentraci?n de Pisagua]. Me anunci? esa visita, pero finalmente no acudi?. Adolfo Zald?var trafica con influencias.
P. ?Esas presiones provinieron tambi?n del Ej?rcito?
R. En cierto momento, antes de procesar por vez primera a Pinochet, el viernes 1 de diciembre de 2000, el alto mando del Ej?rcito quer?a reunirse conmigo. El general Patricio Chac?n, entonces jefe del Estado Mayor del Ej?rcito, cuando Ricardo Izurieta era comandante en jefe, me envi? un mensaje a trav?s de uno de los abogados de Pinochet, el jur?dico militar Gustavo Collao. El general Izurieta, o el alto mando, quer?a reunirse conmigo. Pero no acept?.
P. ?Y hubo presiones del Gobierno de la Concertaci?n democristiano-socialista?
R. Una de las personas que lo intentaron, como he dicho, fue el ex ministro Carlos Figueroa Serrano. Recuerdo tambi?n que tras dictar el primer auto de procesamiento de Pinochet me llam? Luis Horacio Rojas, jefe del gabinete del ministro de Justicia, Jos? Antonio G?mez. Me dijo que anulara el auto de procesamiento. Fue, francamente, insolente. Era evidente que los compromisos adoptados durante la transici?n entre los partidos pol?ticos y los militares estaban en peligro. Se le hab?a asegurado al Ej?rcito con ocasi?n del plebiscito de 1988 que Pinochet ser?a intocable.
P.?El Gobierno del presidente Lagos quer?a s?lo una justicia simb?lica?
R. Desde luego. Los pol?ticos de la Concertaci?n [coalici?n de socialistas y democristianos] pod?an
aguantar todos los juicios del mundo menos uno: Pinochet.
P. ?La salud mental de Pinochet se convirti? en la puerta falsa para salvarse? ?C?mo estaba de verdad?
R. Yo entend? desde el principio que Pinochet y sus abogados usaron la salud mental para salvarse en Londres. Luego pude comprobar que su salud mental era bastante normal. Al menos muy normal para los 84 a?os que ten?a entonces. Hubo fingimiento. Yo siempre vi que hac?a un esfuerzo por mostrar sus dificultades para moverse. F?jese lo que pas? en su casa de La Dehesa, un barrio de Santiago. Llego y me atienden ?l y sus letrados. Pinochet hace un gran esfuerzo para ponerse de pie. Su abogado, Miguel Schweizer, ex ministro de Relaciones Exteriores en la ?poca de la dictadura, le dice: "No, se?or presidente, no se mueva, por favor". El otro abogado, el coronel retirado Gustavo Collao, le insiste: "Mi general, qu?dese sentado". Exageraban. Terminada la declaraci?n, tuve que transcribir el texto. Pasamos al comedor. Hab?a una puerta entornada. Y entonces veo a Pinochet en el cuarto de al lado caminar bastante r?pido y con agilidad. Era una persona distinta a la que hab?a pretendido, hac?a pocos minutos, tener terribles dificultades.
P. ?C?mo se comport? en los dos interrogatorios?
R. Mi impresi?n al verle por primera vez fue que estaba muy bien. Reaccion? con rapidez a las preguntas. Contest? sabiendo bien lo que hac?a. Evadi? todo lo que pudiera tener que ver con su eventual responsabilidad en los cr?menes de la caravana de la muerte. Estuvo muy amable. En el segundo interrogatorio, en relaci?n con la Operaci?n C?ndor [acuerdo de cooperaci?n para eliminar opositores entre Pinochet y varios dictadores latinoameri-canos], se mostr? menos simp?tico, pero exhibi? una gran comprensi?n de las preguntas y sus respuestas fueron muy precisas a la hora de escabullirse de todo aquello que pudiera implicarle. Al preguntarle sobre su participaci?n en los secuestros, las muertes y las torturas, me explic? que ?l s?lo se ocupaba de los asuntos importantes de Gobierno.
P. ?Era capaz, pues, de seguir una l?nea de razonamiento y de dar, si cab?a, instrucciones a sus
abogados?
R. S?, creo que sus abogados le dieron, a su vez, muchos consejos, pero Pinochet es un hombre muy orgulloso, por lo cual se resist?a a fingir su presunta demencia. Yo creo que ?l les fall? a sus
abogados. A m? me daba la impresi?n de que prevaleci? su personalidad...
P. ?El arresto de Pinochet en Londres supuso un golpe de gracia a la impunidad en Chile?
R. El juez Garz?n ayud? enormemente a internacionalizar el caso. El arresto de Pinochet proyect? el inter?s a escala mundial y colabor? para que hubiera un mayor esp?ritu de justicia en Chile. Y estoy pensando, sobre todo, en la Corte Suprema. Es hoy el d?a que sigo pensando que este tribunal debe pedir perd?n a los chilenos por haber amparado los cr?menes de la dictadura militar.

_________________________________________

DE SALVADOR ALLENDE sol?a decirse en su tierra que era un pol?tico que ten?a mu?eca o capacidad de maniobra pol?tica. Augusto Pinochet acab? con el Gobierno constitucional y dej? en ruinas el palacio de la Moneda, pero no logr? doblegar a Allende, quien se suicid? en acto de protesta. Fue el ?ltimo movimiento de su mu?eca pol?tica. Juan Guzm?n tambi?n ha tenido necesidad de una ?gil mu?eca pol?tica a la hora de maniobrar en las no menos procelosas aguas de la magistratura de Chile, todav?a poblada por muchos de aquellos que encubrieron a la dictadura. Los mismos que ejercieron grandes presiones para que archivara el caso o simplemente respetara la impunidad del ex dictador.
En enero de 1998, la derecha, pol?tica y militar, acogi? el nombramiento -por sorteo- de Guzm?n para llevar las causas contra Pinochet como una bendici?n.
Pinochet y sus abogados parec?an confiados. Guzm?n era un hombre cat?lico. Un magistrado conservador que, junto a su familia, hab?a celebrado, el mismo 11 de septiembre de 1973, la ca?da de Allende, ser?a ahora el encargado de "hacer justicia". Una justicia entendida as?: aplicar la ley de autoamnist?a de 1977 y bloquear el enjuiciamiento de los generales de la dictadura.
Cuando, a los pocos d?as de nombrado, comenz? la investigaci?n, los mismos que le hab?an acogido con alegr?a entendieron que Guzm?n se estaba convirtiendo en "un traidor a su clase social". Guzm?n admite que ?l y el juez espa?ol Baltasar Garz?n, quien orden? con ?xito el arresto de Pinochet en Londres el 16 de octubre de 1998, operaron en una divisi?n de trabajo complementaria sin conocerse.
Guzm?n, en la jurisdicci?n chilena; Garz?n, en la espa?ola y universal.
Publicante Pichilemunews @ 13:32
 | Enviar Noticia