Domingo, 02 de octubre de 2005
Dos menciones honrosas para Pichilemu se trajeron Jos? Sep?lveda Silva -primera Menci?n en la categor?a Pobladores- y Washington Sald?as Gonz?lez -segunda Menci?n en la misma categor?a- del Concurso Literario Pablo Neruda 2005, en g?nero Cuento Corto, que organiza el Centro de Extensi?n Cultural Pablo Neruda, de San Fernando.
La ceremonia de premiaci?n se efectu? en el Sal?n Municipal de la capital de Colchagua, el viernes reci?n pasado con un auditorium repleto. Autoridades -presididas por la Gobernador Cecilia Villalobos- la diputada Alejandra Sep?lveda, concejales, entre otras, dieciocho finalistas y amantes de las letras de varias ciudades de la VI Regi?n, como de la VII Regi?n.
Ciento ochenta estudiantes de b?sica, educaci?n media, pobladores y escritores participaron de esta Novena versi?n del concurso, que este a?o estuvo dirigido a la prosa, en el g?nero de cuento corto.
De Talca, Curic?, San Fernando, Rancagua, San Vicente de Tagua Tagua, Las Cabras, Melipilla, fueron algunos de los dieciocho concursantes que fueron distinguidos en la ocasi?n en que se cont? con la participaci?n del excelente grupo musical "Los Alerces", tres guitarras y una cantante, que deleit? con poes?as musicalizadas: Versos de Oscar Castro y m?sica de Ariel Ram?rez.
Cada participante de los distinguidos recibi? diversos est?mulos, adem?s de un diploma enmarcado y la invitaci?n a participar de un tour cultural a Isla Negra en fecha pr?xima, en que permitir? compartir con los organizadores, que de paso anunciaron la d?cima versi?n -para el 2006- en Poes?a.
Las menciones honrosas en la categor?a Pobladores fueron "Mi zapato izquierdo" de Jos? Sep?lveda Silva, literato y colaborador del programa radial "Radiograf?a Comunal"; y "El Japon?s", del editor de este website.
Mientras transcribimos el cuento de nuestro amigo Jos? Sep?lveda, compartimos nuestro cuento, que dicho sea de paso, es un fragmento de uno de los cap?tulos de la novela "El secreto del Tokay Maru" que estamos escribiendo y que esperamos, alg?n d?a, publicar.

EL JAPONES

Para aquella enigm?tica, solitaria y joven mujer que viajaba en el coche de primera, el traca traca del tren N? 37 que hac?a el recorrido de San Fernando a Pichilemu resultaba un verdadero suplicio. El ruido que hac?a el convoy en realidad no era tan grande, sobretodo porque avanzaba lentamente subiendo la zona de cuestas que se inicia con el primer T?nel, a escasos dos mil metros de la Estaci?n de Alcones, donde empieza el cord?n de cerros de la costa.
La mujer de unos 21 a?os acaso, hab?a llegado a la Estaci?n de San Fernando en otro tren. Y tras una breve consulta se subi? al tren que momentos m?s tarde sal?a a la costa. Vest?a un abrigo oscuro y un chal que le tapaba pr?cticamente toda la cabeza dejaba muy poco que ver. Era m?s alta de lo com?n, delgada; pero un detalle delataba a simple vista que estaba en estado de gravidez. Y era ello, o quiz?s un fuerte dolor de cabeza lo que molestaba a la dama.
Una peque?a maleta era todo su equipaje. En el trayecto mostr? un par de veces el boleto de cart?n con destino a la costa. Aparentaba ir dormitando, pues la cantidad de veces que los "buffeteros" le ofrecieron alguna cosa nunca dijo nada. Segu?a impert?rrita como durmiendo sin ning?n ?nimo de establecer comunicaci?n.
Un par de ni?os que viajaba con sus padres en el mismo coche y que de vez en cuando corr?an de un lado a otro del coche no logr? alterarla.
El viaje de aquel d?a lleg? inusualmente a la hora. Eran las 20.02 horas y estaba reci?n oscureciendo en esa noche de principios del mes de noviembre del a?o 1955.
Lentamente los pasajeros de cada coche fueron bajando con sus pertenencias. La mayor?a comerciantes. Los menos eran visitantes que a esas alturas del a?o son escasos. Algunos vecinos hab?an salido por el d?a a ciudades cercanas, Santa Cruz, San Fernando, a realizar tr?mites o a comprar alg?n remedio que se precisaba y que en la Botica local brillaba por su ausencia.
Solo cuando el Asistente del Conductor del Tren recorr?a desde el ?ltimo coche al ?nico de primera clase, ?ste se dio cuenta que a?n quedaba una persona. Se acerc? dici?ndole a viva voz: "Se?ora ya estamos en Pichilemu. B?jese por que vamos a iniciar los "cambios de l?neas" y nadie puede permanecer arriba".
- La mujer a duras penas contest?: "Se?or, ay?deme, me siento muy mal".
- "?Qu? le pasa se?ora".
- Estoy con fuertes dolores. Mi guagua quiere nacer antes de tiempo.
- ?Ah!, usted esta embarazada...
- S? se?or y necesito me ayude. ?Hay alg?n veh?culo para irme al Hospital?
- Se?ora, ?de d?nde es usted, acaso no sabe que aqu? no hay Hospital? Aqu?
solo hay una Casa de Socorros ..., y con suerte habr? una "cabrita".
- La mujer se limit? a decir: "Ll?venme all?, por favor", en tono de s?plica.
- Esp?rese un momento voy a pedir ayuda.
El Asistente baj? r?pido del coche y luego de constatar que ni siquiera hab?a una "cabrita", corre a la Oficina del Jefe de Estaci?n. Dirigi?ndose al Conductor que anotaba en el libro de Novedades "que no hab?a novedades", le dice agitado: -"Jefe, Jefe, tenemos a una pasajera a punto de parir y nos pide ayuda. ?Qu? hacemos?
- Reflautas ..., ?a qui?n recurrimos?
El Jefe de Estaci?n interviene y dice: - "Mandemos al "Chorero" a la Casa de Socorros. Debe estar en la Locomotora. Vaya a buscarlo mientras escribo un mensaje para que env?en la ambulancia.
El "Chorero" estaba en la vieja Locomotora a carb?n, listo a la espera de instrucciones para hacer las maniobras de "cambio de l?nea".
Ten?a una voluntad de oro, as? que el "Chorer?n" -un muchacho de unos 16 a?os, cuyo nombre verdadero era Pedro Vargas Carre?o- dej? los viejos guantes que usaba para las maniobras y sali? tras el Asistente.
- "Chorer?n" le dijo el Jefe de Estaci?n al tiempo que le extendi? un Sobre y le agreg?: "Mira, ?ndate directamente a la Casa de Socorros y se lo entregas a Manuelito Bustamante, a don Ra?l Llanca o al chofer de la ambulancia. Es urgente y te vienes con ellos. No te distraigas con nada".
- "Como usted diga Jefe".
Acto seguido se larg? a correr por la subida de la calle Prat para acortar camino hacia la Casa de Socorros que estaba a unas seis cuadras de la Estaci?n.
- ?Por qu? vienes tan apurado "Chorer?n", le pregunt? el chofer Luis Hern?n "Neno" Urz?a, quien ven?a llegando poco rato al turno de noche.
Lleg? tan cansado y jadeante que no le sal?an las palabras. S?lo atin? a entregarle el Sobre que ven?a sin cerrar.
- Esp?rame. Voy avisar a la Pepita y regreso.
El chofer volvi? casi enseguida con una auxiliar que se subi? atr?s y el "Chorer?n" junto al chofer de la ambulancia y en un dos por tres enfil? por An?bal Pinto a la Estaci?n.
A la mujer la ten?an sentada en la Oficina del Jefe de Estaci?n. La se?ora de ?ste le hab?a servido un t? -y adem?s una frazada la proteg?a- para calmarle las "tercianas" y el fr?o caracter?stico de la ?poca.
No m?s de 10 minutos demor? la verdadera cruzada para socorrer a la mujer, que se manten?a cabizbaja y se limitaba a responder lo m?nimo a las palabras que trataban de cruzar para acortar la espera.
Pese a la corta distancia de la Oficina a la ambulancia, la trasladaron en camilla, aunque la mujer insist?a en que ella por si misma pod?a caminar hasta la ambulancia.
La auxiliar devolvi? la frazada y r?pidamente emprendieron el trayecto a la Casa de Socorro, donde una cama lista esperaba a la mujer.
El Dr. Basilio S?nchez -que viv?a en la misma cuadra en que estaba la Casa de Socorros- ven?a tranqueando con su malet?n de cuero negro.
Tan pronto estuvo en la cama, el Dr. S?nchez examin? a la mujer al tanto que le hac?a preguntas y comentarios de rigor.
- Est?s casi lista para "mejorarte" mujer. Ma?ana temprano te vendr? a ver.
Ahora dejar? instrucciones para que te traigan algo de comer y descansa. La auxiliar te har? la Ficha de Ingreso. ?Buenas noches!
- La mujer contest? al tanto que agradec?a la atenci?n.
- ?D?nde est? su carnet?
- No lo tengo ....
- Pero c?mo anda sin sus documentos, insisti? la auxiliar.
- Se me perdi?.
- D?me su nombre completo, fecha de nacimiento y direcci?n.
- "Mi nombre es Blanca Leonor Acu?a Riquelme, nac? el 19 de Febrero de 1934
y vivo en calle Rep?blica 367 de Santiago", contest? sin titubear, con seguridad.
Tras solicitarle le repitiera algunos datos, la auxiliar anot?.
- "?Tiene alg?n familiar ac? para avisarle y le traigan algunas cosas?".
- No se?orita; pero no se preocupe. El m?dico que veo me advirti? que era
riesgoso hacer este viaje; pero vine preparada. En la maleta tengo algo de ropa. Incluso pa?ales y ropita de lana para mi guagua. V?ala y d?jela donde usted crea conveniente.
Revis? su maleta y efectivamente ten?a algunas prendas de recambio y la ropita de guagua, como algunos art?culos de tocador, un juego de toallas, entre otras cosas.
- "Le traer? una Sopa y algo que est?n preparando. Le vendr? bien ..."
Despu?s de servirse la cena y cuando ya el sue?o la venc?a, Blanca sinti? que llegaba a la cama contigua -al parecer- otra parturienta. Cerr? sus ojos e intento dormirse, pese a que algunos dolores anunciaban los primeros s?ntomas de un cercano parto.
Hasta casi las tres de la ma?ana su sue?o fue medianamente tranquilo. Los dolores segu?an y la fiebre hizo que empezara a susurrar palabras, a delirar cosas que eran imposibles de enhebrar, de hacerlas coherentes.
La mujer de la cama contigua dorm?a profundamente y as? pas? casi una hora desde que Blanca iniciara su "conversaci?n". Muy tenue al principio, pero paulatinamente fue elevando su volumen. Pasadas las 4 de la ma?ana Blanca hab?a hecho despertar a su acompa?ante. Asustada -sin saber si llamar a la Auxiliar de Turno- finalmente se calm? y empez? a poner o?do a lo que escuchaba.
Varias veces, Blanca repiti? su mon?logo, mientras levantaba sus piernas entre las
s?banas, sac?ndolas algunas veces para el lado y mostrando sus bien formadas l?neas, las que se alcanzaban a ver, silueteadas, con la luz de la galer?a.
Su acompa?ante se aprendi? de memoria lo que repet?a la mujer. Confundida y sin saber qu? sentido ten?a, se durmi? despu?s de buscarle -sin ?xito- una explicaci?n a las palabras producto del delirio.
Como a las 7 de la ma?ana, Blanca empez? con fuertes dolores y la Enfermera constat? que estaba botando el l?quido amni?tico; sin embargo cerca de las 10 horas, despu?s de un dif?cil parto -de primeriza- naci? un sano y robusto ni?o que pes? 3.780 gramos y midi? cerca de 42 cent?metros.
Su madre, exhausta, qued? mal y debi? ser llevada de urgencia al Hospital de San Fernando, sin saber si su hijo era mujercita o hombrecito.
Tres horas m?s tarde, la otra parturienta se mejor?. A ella se le pidi? que amantara en las siguientes horas, aparte de su hijita, al ni?o moment?neamente hu?rfano.
No tuvo ning?n problema en amamantar al ni?o cuando le explicaron que la madre hab?a sido llevada grave hacia fuera; pero casi en forma instant?nea al ver al ni?o, su cabeza empez? a recordar la frase memorizada y tratar de buscarle sentido.
El ni?o ten?a claramente facciones distintas a cualquier ni?o chileno. Y pese a que tanto la matrona -la Pepita- como auxiliares y el Dr. S?nchez se dieron cuenta que era un ni?o con cara de "japon?s", no hicieron ning?n comentario al respecto. Su padre -para ellos- era simplemente un ciudadano japon?s.
Sin embargo, cuando se supo que Blanca estuvo delirando casi toda la noche y repetido decenas de veces: "S? que no entender?s mis motivos, ni lo que digo; pero aunque creas que soy una mujer de vida f?cil, hazme tuya. Quise venir a ver la tragedia del Tokay Maru y te he encontrado a ti. T? debes hacerme olvidar a quien no cumpli? con su promesa y me ha hecho pasar el cumplea?os m?s amargo y triste de mi vida. Yo te he salvado la vida, ahora t? me perteneces y quiero ser tuya. ?Me entiendes?"
Las especulaciones y razones de todo, se concluy? -al fin- era producto de una relaci?n entre Blanca y un tripulante japon?s del pesquero "Tokay Maru" de la misma nacionalidad que en la noche del 19 de Febrero de ese a?o hab?a naufragado en Punta de Lobos.
Blanca en tanto -que a esas horas segu?a grave- despu?s de varios d?as de inconciencia, se recuper?; pero sin esperar "el alta m?dica" desapareci? del hospital sanfernandino. Se le busc? intensamente, pero su direcci?n era falsa y no exist?a una persona con ese nombre y c?dula de identidad.
El ni?o m?s tarde fue adoptado por un matrimonio de clase media -con tres hijas mujeres, que hab?a buscado infructuosamente un hijo hombre- lo cri? como suyo y siendo muy peque?o, apenas pis? la Escuela para aprender sus primeras letras, fue bautizado como "El Japon?s".
Publicante Pichilemunews @ 18:01
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