Domingo, 12 de febrero de 2006
NOTA DEL EDITOR: Ahora estamos en paz. Ten?amos esta deuda pendiente con el autor y con nuestros ciber lectores. Hoy nos hicimos del cuento que gan? una menci?n honrosa el a?o pasado en el concurso que organizan los "nerudianos sanfernandinos" anualmente. El a?o pasado fue en la categor?a Cuento Corto y, para este a?o, ser? en Poes?a.
El concurso tuvo una gran convocatoria. Y, el a?o pasado, dos pichileminos obtuvieron menciones en la categor?a Cuento Corto, para escritores "sin experiencia". Uno de ellos fue este cuento que transcribimos en la tarde de hoy. Y el otro, fue "El Japon?s" que dimos a conocer all? por el mes de Octubre pasado (que si tiene inter?s, igual lo puede ubicar y leer).

MI ZAPATO IZQUIERDO (Cuento Irreal)

Por Jos? Sep?lveda Silva

Me llamo Aritm?tico Teja. Tengo 36 a?os, soletero, comerciante ocasional en antig?edades, por la escasa demanda de mi profesi?n Contador.
Dedico mi tiempo libre a buscar en cachureos y casa de remates peque?as piezas curiosas y de cierta antig?edad que posteriormente vendo a Decoradores o Vitrinistas, lo que me permite un pasar digno.
Un d?a, en que comienza mi incre?ble historia, di en una mansi?n en que herederos ofrec?an en venta todo el mobiliario, menajes, cristaler?as y otros, todo de comienzos del siglo pasado y no hab?a inter?s en conservarlo en la familia. Me llam? la atenci?n una caja de madera, manchada, polvorienta, aun as? se pod?a distinguir en su tapa un grabado de un zapato, modelo muy en boga a comienzos del 900.
Consult? a la encargada de la venta, el origen de la caja. Me inform? que era com?n en esa ?poca mantener los zapatos protegidos de otras prendas cuando se viajaba, y que esa cajita fue propiedad de su abuelo, pero que lamentablemente la llave que permit?a abrirla se hab?a extraviado, mas si me interesaba llevarla me la obsequiaba.
Acept? la generosa oferta y al agradecer el regalo, la dama me se?al? una antigua foto en sepia, de un elegante e imponente caballero. La foto hab?a captado la arrogancia y fortaleza en la mirada. El era mi abuelo, me confidenci?. A ?l perteneci? la caja, era un hombre que hizo de la nada una gran fortuna y muy dado a las cosas sobrenaturales.
Nos despedimos cordialmente y me apresur? a llegar a mi casa con el precioso y misterioso obsequio.
Comienzo a limpiar la misteriosa caja. Aparece el hermoso grabado del zapato y el brillo de la fina madera. Al pulir m?s el dibujo, la tapa se levanta y aparecen en su interior los zapatos de var?n, el m?s bello modelo que haya contemplado. Eran unos botines de ca?a corta color naranja encendido, puntas cuadradas y un cuero tan bien trabajado que parec?a una seda. No demor? en calzarlo. Los zapatos se adaptaron a mis pies como hechos a la medida. Sent? una corriente por todo mi cuerpo y un alivio inmediato al molesto callo que me atormentaba por a?os. Al flectar el pie para dar un paso, el zapato izquierdo emiti? un sonoro y melodioso Quish, Quish. Una energ?a desconocida me invadi? y decid? salir a la calle, caminar, correr, re?r, abrazar a todo el mundo. Ya en la calle, not? la mirada de admiraci?n de las damas que no apartaban la vista de mis bellos zapatos. Percib? tambi?n la mirada de envidia de los varones, y en general la excitaci?n que produc?a mi zapatito izquierdo con su sonoro Quish, Quish ...
Sin darme cuenta, comienzan a suceder hechos inesperados. Gente que me rehu?a, por mi mala situaci?n econ?mica, me saludan, invitan a sus casas, damas que me rechazaron mis devaneos amorosos, no dudan en aceptar a?ejas invitaci?n, ofensivamente rechazadas en su oportunidad. Otros deudores que daba por perdidos aparecen a cancelar sus deudas conmigo y agregando voluntariamente jugosos intereses. No paran ah? las sorpresas. Despu?s de recorrer varios sitios de remates y ventas, ya que mis habituales compradores de chuchear?as me ten?an tapado a pedidos antes nunca imaginado, visiblemente cansado decido regresar a casa en un coche de alquiler. Normalmente llevo conmigo un malet?n de cuero para cargar alguna pieza de ornato que pudiese adquirir.
Al interior del coche el cansancio me vence. Al llegar a mi domicilio el cochero me despierta, pago la carrera, tomo mi malet?n y llego a tenderme. Al despertar a la ma?ana siguiente reci?n reparo que mi malet?n opaco y arrugado, luce brillante y terso. Intrigado lo abro y en su interior encuentro una gran cantidad de cheques, letras de cambio por un alto valor, adem?s de una gruesa cantidad de monedas extranjeras en billetes. Caigo en cuenta que equivoqu?, al bajar del coche, el malet?n que otra persona dej? olvidado. Busco entre los documentos y doy con una tarjeta que dice: ?Propiedades Eustaquio Estropicio? Empresas de Inversiones Catalunya. Calle tanto, Fono tanto, Santiago.
No dudo en ir a un tel?fono p?blico y dar cuenta que tengo en mi poder tal cantidad de valores. Doy mi direcci?n y pido que alguien debidamente identificado venga a retirarlo. No pasan diez minutos cuando un lujoso autom?vil se detiene en mi puerta. Baja un elegante caballero y con voz tonante inquiere. ?Aritm?tico Teja! Cu?nto pides por el rescate de mis documentos ?ah? Soy Eustaquio Estropicio.
- Se?or, respondo. No pido nada, solo quiero devolver algo que no es m?o y lamento haber tomado por error un malet?n equivocado del coche que ocup? para volver anoche a mi casa. Aqu? tiene su pertenencia.
- Replica: Pardiez y me cago en la leche, me devuelves una fortuna y no pides nada o eres un tonto de capirote y te chorrea la honradez. Yo no me puedo ir sin recompensar tu gesto. Dime en que trabajas.
- Respondo, en estos momentos no tengo trabajo. Soy contador cesante y me mantengo comprando y vendiendo chuchear?as.
- Toma mi tarjeta, dice don Eustaquio. Desde ma?ana est?s contratado en mi empresa como Contador y con un sueldo de gerente. ?Vale!
Al prepararme al d?a siguiente para concurrir a mi nuevo empleo, al ponerme mis zapatos, noto con pavor que mi zapatito izquierdo est? opaco, arrugado. Lo doblo y en vez del sonoro Quish, que lo hace tan especial, un sordo y d?bil Quish casi agonizante sale de su interior.
Desesperado salgo a buscar ayuda. Recorro cuadras, y al fin doy con un boliche. En su frontis un letrero reza: ?CL?NICA DEL CALZADO DEL DR. GANGOCHO?. Casos dif?ciles, tratamientos de recuperaci?n. Paso a la consulta del distinguido facultativo. Examina prolijamente mi zapatito enfermo y con grave voz me informa: Se?or Teja, su zapatito izquierdo padece el Mal de la Chancleta, que afecta su autoestima, no es mortal pero requiere para su recuperaci?n mucho sol, aire puro y por sobre todo AMOR. Son $5.000= la consulta y que le vaya bien.
Salgo con una luz de esperanza, adquiero en una jugueter?a un carrito de madera e instalo en ?l a mi zapatito izquierdo. Me dirijo al parque m?s cercano y lo paseo por horas. Agotado me siento a descansar en un esca?o. Una hermosa joven se ubica a mi lado.
- Perd?n se?or, me dirige la palabra. No soy de este pa?s. Me llamo Mariette y estoy intrigada por verlo pasear un zapatito en un carro de madera. ?Es una costumbre del pa?s o un rito secreto?
- Mariette, respond?. Le contar? la historia c?mo este zapatito cambi? mi vida. Reparo reci?n que la joven adem?s de su belleza viste muy elegante y calza unas bellas y coquetas botitas blancas.
Cuento mi experiencia y al llegar al momento de la crisis de mi zapatito rompo a llorar. Mariette tambi?n se emociona y llora junto conmigo. Apoyo mi cabeza en su voluptuoso pecho y sucede algo inusitado: El carrito con mi zapatito se mueve solo y se pega a la botita izquierda de Mariette. El enfermito comienza a emitir un d?bil Quish y la botita de Mariette responde con un amoroso Shuip. Mi zapatito canta con m?s fuerza, recupera su color. ?Se ha curado!
Mariette y yo no volvimos a separarnos ....
Publicante Pichilemunews @ 22:53
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