S?bado, 05 de julio de 2008

AMIGO DE PICHILEMU DESCANSA EN PAZ: MANUEL “MAÑICO” ROMÁN PIZARRO, HOMBRE DE RADIO SANTIAGUINO

 

Sin ser cantante, ni mucho menos, en días pasados hubiera sido una ocasión precisa para cantar “Cuando un amigo se va …” del autor Alberto Cortés, dedicada más que a un amigo personal, a un entrañable amigo de Pichilemu.

Sin más preámbulos, se trata de Manuel Román Pizarro, comunicador que falleció en días pasados y sus funerales fueron en días recientes.

Más conocido como “Mañico” Román, era un verdadero personaje de la radio. Hincha fanático de la “U”. Pese a esto último, tenemos el orgullo de considerarnos –mi hermano Eduardo y el suscrito- dentro de sus amigos pichileminos.

Hoy no hace mucho, cuando terminábamos casi de revisar nuestro correo, otro amigo –Manuel Pacheco- nos informó escuetamente de su fallecimiento, sabiendo que éramos sus amigos. Lo hace a modo de pregunta, diciendo ¿sabes que falleció Mañico?

Le respondo inmediatamente: ¿Cuándo fue y si fue hoy, dime cuándo y dónde son sus funerales? Respóndeme a mi celular, me estoy yendo del Ciber.

En tanto espero la llamada telefónica, reviso el Obituario del diario La Tercera, pero no sale nada. Me impaciento y llamo a mi amigo Manuel y me dice que supo por casualidad y que lo confirmó en un sitio en Internet donde salió que sus funerales fueron en días pasados.

Entro al Obituario del diario El Mercurio, y ahí sale su nombre el día domingo 29 de Junio recién pasado.


“Mañico” con el micrófono en sus manos, seguramente haciendo un despacho radial –a orilla de cancha- de su querida Universidad de Chile, un equipo que lo identificaba plenamente.

 

Apenas menos de un mes al informarnos que ya no trabajaba en el consorcio radial que administraba, buscamos su teléfono en la guía, por cuanto el antiguo fono no estaba activo. Llamo y me responde una dama. Me identifiqué: soy fulano de tal. Soy de Pichilemu y amigo de Manuel. Quiero saludarlo, me podría comunicar con él …

“Don Manuel en estos momentos no está, si desea llama más tarde …” fue su respuesta.

Cuando insistí más tarde, la misma dama nos señaló que aún no volvía. Y nos agregó que Don Manuel andaba donde el médico.

Una semana más tarde insistí en dos ocasiones, pero nadie respondió el teléfono.

Ayer nos enteramos de su muerte. Temprana porque “Mañico” no debe haber pasado más allá de los 70 años.

 

AMANTE PICHILEMINO

Aunque vinimos a entablar una relación de amistad a principios de los años noventa, a “Mañico” lo ubicábamos desde los veranos de los años ’60, cuando junto a muchos veraneantes se involucraban –de una u otra forma- en las actividades de la Semana Pichilemina que permitía competencias diversas en deporte, recreación, elección de reina, etcétera.

Amistades y fanáticos de la “U”, como él, en dos o tres temporadas –según me recuerdo- participaron activamente con un equipo de Baby-Fútbol que bautizaron –era que no- el “Ballet Azul”. De verdad eran buenos y los partidos eran a muerte y todos querían ganarle, pues –en el papel y apariencias- eran los “pijecitos” que jugaban a la pelota. No recuerdo exactamente si fueron campeones o no de esos campeonatos, pero si no fue así, deben haber estado en los primeros lugares.

Esos partidos se realizaban en la cancha municipal –bajo y detrás del edificio de la Municipalidad- terrenos que años más tarde por obra y gracia de las autoridades de la comuna, en el gobierno militar, fueron “traspasadas” a un organismo de Personal en Retiro de las Fuerzas Armadas. Mil seiscientos (1.600 m2) metros cuadrados que fueron declarados de “inutilidad pública”.

Según los argumentos esgrimidos para ese traspaso, era que en ese lugar esa institución construiría edificios para descanso y veraneo de los afiliados, los cuales darían movimiento todo el año al comercio pichilemino.

No pasó mucho tiempo para que “ese proyecto” se esfumara, si es que existió realmente. Y, de un día para otro fue vendido en miserables miles de pesos. En este minuto no tengo fresca la cifra exacta, pero en forma enfática puedo decir que es IRRISORIA.

Bien, pero este artículo no apunta a ello por ahora. Sino a recordar a “Mañico” quien desde su tribuna o cargo, siempre estaba dispuesto a darle una manito de apoyo en difusión, en promoción a su querido y recordado Pichilemu.

Por ejemplo: Cuando se inauguró el último tramo de camino pavimentado de la Ruta I-50 (ceremonia que se hizo en Alcones), cuando lo invitamos –como Cámara de Turismo de Pichilemu- junto a otros medios de comunicación de Santiago y de la Región de O’Higgins, desde el primer momento en el consorcio radial que administraba (Radios Sintonía, Nina, Metropolitana) empezó a difundir la inauguración de ese anhelado hito histórico para los pichileminos, después de más de medio siglo de promesas de políticos.

Estuvo en Pichilemu junto a un par de reporteros, como muchos otros, en varias de las actividades oficiales que hubo ese día. Como también del recorrido que les dio la Cámara de Turismo por los principales puntos turísticos de la comuna, de un almuerzo que les ofrecimos en la Hostería La Gloria, aparte de la estadía en establecimientos de nuestros asociados.

Antes y después de esto, nos invitó a entrevistas radiales –en vivo- para dar a conocer de las ventajas del camino pavimentado y de la oferta turística del balneario.

Ejemplos parecidos a este hay otros más, como aquel cuando la Cámara de Turismo de Pichilemu realizó en noviembre de 1993 un Workshop en las oficinas centrales de SERNATUR, en Santiago, oportunidad en donde junto con mostrar las bondades –las mismas que habíamos mostrado en Concepción y Chillán un mes antes- testimoniamos nuestro reconocimiento a los autores que le han cantado a Pichilemu, escribiendo y cantando –Hugo Díaz Jirón y Jorge Aravena Llanca- e interpretando en la persona de Ismael Carrasco Bañados.

“Mañico” Román dijo presente, al igual que el recordado hombre de radio Raúl Palma Vera, radicado desde hace unos años en Puerto Varas.

El año 1996 la Cámara de Turismo de Pichilemu le distinguió con un galvano, en el marco de su aniversario, por los servicios prestados hacia el balneario de Pichilemu. 

“Mañico” era impredecible. Llegaba de cuando en cuando a Pichilemu en cualquier época del año. Llegando allá nos llamaba y nos decía: “Washingtoque. Estoy con unos amigos aquí donde tu hermano Lalo. Vinimos a almorzar. Quiero que nos acompañes”. Al menos dos o tres veces, en día domingo, tuvimos esa suerte de compartir con él e invitados, donde las anécdotas no paraban entre bocado y salud.

Momentos alegres que hoy se ven ensombrecidos por su partida y que, lamentablemente, no supimos a tiempo para despedirlo, aunque fuera musitando “cuando un amigo se va …..”

Solo nos resta desear resignación a sus familiares ante la irreparable pérdida y que “el Supremo hacedor lo tenga a su lado en su santo reino”, como solía decir mi abuelita Zoila y que repite mi mamá que también le conoció.      

 


Publicante Pichilemunews @ 21:51
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