Mi?rcoles, 27 de agosto de 2008

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Postulantes asediados       


Fuente: REVISTA ERCILLA - N° 3.353 del 25 de agosto al 7 de septiembre del 2008

 

Un candidato a concejal por San Ramón me expresa que está agobiado por el número de cartas que recibe desde que su nombre apareció entre los postulantes.

 

–Pero debe sentirse contento por el número de partidarios que le salen al camino.

 

Sin embargo, disiente.

 

–No es el tipo de correspondencia que uno habría deseado.

 

Lo entiendo. Le expresaban su adhesión, pero no le dicen qué adelantos desearían ver en la comuna.

 

Tampoco. Y para terminar con las adivinanzas, me exhibió algunas de esas misivas. Todas llevaban el membrete de un establecimiento educacional.

 

–¿Es, entonces, el candidato de los profesores?

 

–Ojalá fuera así –me responde–. Los remitentes son dueños de colegios privados, quienes me dicen que en caso que no tuviere rendido el cuarto año medio como se está solicitando, ellos me otorgan el certificado correspondiente por una suma que podría irse descontando de mis emolumentos. Los planes acogen hasta a quienes ni siquiera terminaron la enseñanza básica.

 

El mismo concejal me llama para decirme que el número de cartas no deseadas no ha disminuido. Y me agrega que otros candidatos tienen la misma aflicción.

 

No puedo imaginar por qué puede molestarles que les remitan su adhesión. Es como para sentirse halagado.

 

Entonces me pasa algunas de las cartas. En la primera el sobre contiene una cuenta de la luz, la que amenazan con corte. La segunda agrega la cuenta del agua.

 

–Sin duda –le respondo– en el apuro de enviarles su adhesión, se equivocaron y se les fueron esas cuentas.

 

Tampoco es así y me entrega una carta que venía adjunta.

 

“En las elecciones municipales anteriores –le expresa– mi candidato tuvo la gentileza de pagarme todas las cuentas de luz, agua, gas y teléfono, y espero de usted la misma atención, la que en octubre me hará votar por usted con mayor entusiasmo”.

 

Este tipo de “atenciones” a los sufragantes tiene su lado peligroso. Como le sucedió a un candidato a edil por Chanco, quien resolvió arrendar un bus e invitar a varias familias a pasar un fin de semana en las Termas de Chillán. Al parecer, el chofer del bus se quedó dormido, y todo terminó en tragedia. Encima de la desgracia –y cuyos pasajeros sobrevivientes no sufragarán por el invitante–, los rivales del candidato proclaman que éste tiene mala suerte, y que de ser elegido, quizá qué tipo de males les espera.

 

Como no todos los candidatos tienen recursos para complacer a sus electores, me enteré que un grupo propicia un proyecto que otorga determinada suma de dinero para que lo candidatos puedan atender las demandas de sus electores.

 

Uno de los promotores defiende su iniciativa, diciendo:

 

–Sería mucho más limpio que ahora, que debe recurrirse a toda suerte de malabares (programas de desempleo, horas extraordinarias, plazas de juegos infantiles que no existen…). La Contraloría tendría, además, menos recargo de trabajo.

 

Ya la iniciativa suscita admiradores. Las municipalidades de Iquique, Recoleta y Pichilemu estudian hacerla suya.

 

 

 

 


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