Martes, 02 de diciembre de 2008

CUANDO LA VIDA ERA UNA VERDADERA POESÍA: REYERTAS EN “IL BOSCO”.

(Del libro "La gran bohemia")

Hoy aparece en el Diario La Nación, un artículo firmado por Martín Huerta, que recuerda hechos sucedidos en el otrora famoso Café Il Bosco, muy visitado por la bohemia y el mundo cultural de épocas pasadas, donde no solo café era el bebestible. Hay que decirlo, más bien “el café” era el pretexto para brindar con “tinto y blanco”.
Un pretexto que desde hace algún tiempo ha cambiado más que el “gusto por el buen café” por mirar exuberantes cuerpos, donde las larguisímas y torneadas piernas como de moldeados senos –algunos con silicona- son la principal oferta de los cafés. Y no por nada hoy, la invitación es a tomarse un “café con piernas”, llegando a convertirse en una verdadera atracción de turistas y donde la idea ha cruzado fronteras.
Pero volvamos al Café (o al Bar Restaurant) Il Bosco. Este fue escenario de una singular anécdota que –gracias a nuestro amigo Jorge Aravena, quien también aparece como protagonista de esta historia- me ha contado detalles, pero que prometí no revelar, por ahora.

Vamos pues, a lo que motiva esta introducción:

Los muchachos tomaron a pecho su nombramiento. Claudio Giaconi fue comisionado para conseguir las armas y Gutiérrez, para buscar el sitio donde se efectuaría el duelo.
Durante una noche cultural de los ‘60 solíamos comparecer con mi buen amigo Jorge Aravena Llanca en el Bar y Ristorante Il Bosco, sitio sagrado de la gran bohemia de Santiago. Ahí llegaban pintores, catedráticos, escritores, jurisconsultos, escritores, poetas y periodistas, todos mezclados con desvalijadores de autos, coristas del Bim Bam Bum y cafiches.
Todo era jolgorio, amistad y parranda. Los brindis se ofrecían en honor a cualquier efeméride real o imaginaria. Desde ese bendito caos salían también grandes proyectos culturales, como la novela "Tiempo de arañas", escrita a cuatro manos por los estudiantes de Derecho Rodrigo Quijada y Rodrigo Baño; uno escribía las páginas pares y el otro, las impares. Se hicieron pasar por ecuatorianos describiendo con fidelidad la vida en la selva y la revolución en calzoncillos en ese país. También la idea de la Feria de Artes Plásticas del Parque Forestal, que se extendía junto al río Mapocho, fue diseñada en Il Bosco, en un papel coronado con manchas de vino tinto.
¡Así de loca era la vida entonces! Cada noche en Il Bosco se sucedían reyertas por toda clase de motivos. Célebre fue la ocasión cuando el poeta Enrique Lihn se apareció por allí con una bella muchacha llamada Beatriz, que se suponía era su novia. Pero entre conversa y conversa, verso y verso, brindis y brindis, la Beatriz sucumbió a los encantos del poeta Jorge Teillier y empezaron a salir. Un viernes, cuando ese antro era un hervidero de curagüillas, Enrique recordó el agravio infligido por Jorge y sacó al claro su rencor, se subió arriba de una silla y públicamente lo retó a duelo. Por cierto que todos brindaron con unción, prometiendo guardar el secreto y asistir al evento. Claudio Giaconi fue nombrado padrino de Enrique y el periodista Peineta Gutiérrez, de Teillier.

Los muchachos tomaron a pecho su nombramiento. Dispusieron el lance para el sábado siguiente. Claudio Giaconi fue comisionado para conseguir las armas y Gutiérrez para buscar el sitio donde se efectuaría el duelo. El Peineta descubrió un sitio eriazo en San Pablo con San Martín y Giaconi se consiguió los revólveres con un senador de la República. Éstos venían en una regia caja con ribetes dorados forrada en terciopelo. El viernes de la víspera notificaron a los contendientes y a la selecta concurrencia de Il Bosco de la hora y el lugar de la acción.

Y siguieron chupando
A la hora y día convenidos, se aparecieron Jorge Aravena Llanca y Claudio Giaconi con las armas en un saco harinero, pero el otro padrino no llegó ni tampoco los duelistas ni ninguna alma más. ¿Qué había pasado? Sucedió que a esa hora todos dormían la mona y se olvidaron del duelo. Por la noche Teillier estaba escribiendo en el bar: "Es mejor morir de vino que de tedio / sin pensar que puede haber nuevas cosechas"... y cuando fue increpado por su poca honorabilidad, preguntó:

-¿Era cosa de honor acaso? 


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