Viernes, 12 de diciembre de 2008

UNA MIRADA DIFERENTE ACERCA DE LA NUEVAS AUTORIDADES COMUNALES

Por Alvarous Zero - www.lazonafranca.blogspot.com - 9 de diciembre de 2008

El pasado sábado seis de diciembre marcará un hito importante en la historia de la política local en la comuna de Pichilemu. Ese día, el total de las recién elegidas autoridades municipales debían asumir en sus funciones gubernativas. Como siempre, Pichilemu fue la excepción.

Con bombos y platillos se organizó un cambio de mando en donde los protagonistas de esta historia no sería el recién electo alcalde Marcelo Cabrera Martínez, sino que la ceremonia estaba especialmente dedicada a los concejales electos, por lo que se le denominó “instalación del nuevo concejo municipal”.

Como todo el mundo sabe, el señor Marcelo Cabrera no pudo asumir ese día por tener situaciones pendientes con la justicia, lo cual, no es ninguna novedad para el contexto en que se ha visto envuelto los últimos años la pequeña municipalidad de Pichilemu. Además, ni siquiera se presentó como espectador, porque aquel día las estrellas que brillarían serían los electos concejales.

Cuando el reloj marcaba algo más de pasado el mediodía, comenzó la ceremonia con la entonación de nuestro himno patrio siguiendo las notas de la banda municipal de Pichilemu, que en esplendida actuación daba el inicio a esta ceremonia de estrellas.


Poco duro la actuación de todos, pues en el ambiente se quería demostrar un estado en el que “aquí nada pasa, estamos de lo más normal, así que continuemos”, esto hasta que el alcalde subrogante (el alcalde suplente tuvo que viajar urgente fuera de la comuna ¿?) don Gustavo Parraguez mató con la frase “ni yo entiendo lo que pasa”. Y claro que era de no entender.



No había alcalde electo, no había alcalde suplente, hacia un par de horas don Gustavo volvía a ser alcalde subrogante y todos se miraban como si nada pasara. Bueno, así es Pichilemu.
Recuerdo un eslogan de hace unos años atrás: Pichilemu, un lugar mágico y que encanta. ¡Claro!, magia era lo que podía explicar todo esto, y nos encanta a nosotros, los ciudadanos Pichileminos que añoramos por fin un orden, pero sin contentarse, don Gustavo siguió bombardeando: “la comunidad no entiende todo esto”. En ese momento una sonrisa se dibujo en mi cara, me aludía, fui feliz… por un momento.

Así, que su llamado fue a ordenar la municipalidad y que el nuevo concejo se hiciera cargo de la situación actual en que esta la comuna: “para mi es sagrado el sábado y domingo trabajar con una pala en el campo”. Hoy no fue uno de esos días, se despertó, tomó su pala y lo llamaron porque era alcalde. ¿Quién entiende?
Luego, se proclamó al alcalde electo tras dar el veredicto del Tribunal Calificador de Elecciones, claro, pese a que se encuentra impedido de asumir, pero lo bueno vino después.

Se proclamó a los concejales electos a quienes se les tomó el juramento y promesa (pensar que muchos en estos últimos años han prometido y…) y la lluvia de aplausos comenzó.

Tal cual estrellas de farándula, apenas nombraban a los concejales, una seguidilla de aplausos se hacia escuchar en la pista municipal. Para sorpresa, la mayoría de los aplausos se los llevaron las mujeres, especialmente, y para sorpresa de muchos (incluso mía) la señora Marta Urzua se llevó la mayor cantidad de aplausos y vítores.

Tras ello, las autoridades religiosas (católicas y evangélicas) les dieron las bendiciones a las nuevas autoridades asumidas (creo que la necesitaran y mucho) a lo cual el presbítero católico puso el ahínco en el discernimiento y en la toma de dediciones. No sé si se habrán percatado, pero puso mucho acento en discernimiento. Mientras tanto, el pastor evangélico les recordó, al más puro estilo medieval, que “el gobierno de Dios esta por sobre su cargo” y les suplico que su nuevo cargo lo “llevaran por un buen cause”.


A esa altura y después de 45 minutos entre sentarse, aplaudir y parece la verdad es que nadie se acordó de la celebración de la fiesta del secano, del campeonato de Surf, de la fiesta de la virgen patrona de nuestra parroquia o del desaparecido alcalde electo.


Finalmente, solo el señor Moyano y sus niños de la banda municipal acertaron y nos dieron un pasaje de retorno a nuestra triste realidad al entonar la canción del genio Ennio Morricone “el bueno, el malo y el feo”, porque al más viejo estilo del medio oeste norteamericano, nuestra comuna se ha convertido en un pueblo donde del comisario no se hace ver y las personas viven pendiente del disparó yo o disparas tu, en un pueblo donde el desorden y el caos nos devuelve la visión de Morricone y me hace ser un Clint Eastwood en medio de la capital del Surf.


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