Viernes, 19 de diciembre de 2008

EL TREN, UN COMENTARIO Y LA PLACA DE LA "INGRATITUD"

Hace bastante tiempo, por diversas razones, no entrábamos a este interesante Blog sobre Cáhuil –en nuestra comuna pichilemina- y nos gustó el especial comentario que hace su autor al Libro de nuestro común amigo, el profesor, investigador  y escritor sanfernandino Víctor León Vargas, quien no ceja de pelear por las injusticias que aún persisten con la Locomotora 607.

Ésta tras ser rescatada y llegar nuevamente a rieles de nuestra región –que conoció y recorrió como ninguna- fue restaurada en una primera instancia por el propio profesor y alumnos del Liceo Industrial de la capital de la provincia huasa, Colchagua; pero los sueños de estos ilusos fueron "robados" y como el dicho de "nadie sabe para quién trabaja", la locomotora fue entregada a la Corporación Tren del Vino, la que siguió restaurándola y usándola en el Tren del Vino que –como hemos dicho muchas veces y no nos cansaremos- fue inaugurado el 2003 y copa en mano se anunció que "este es la primera etapa de este proyecto, considerándose en una segunda etapa la llegada hasta Pichilemu".

Pero la realidad fue otra. Antes que los efluvios etílicos pasaran, esa segunda etapa se fue al tacho y en lugar de avanzar hacia Pichilemu, un Decreto presidencial dio luz verde para que EFE –tan progresista, ella- licitara 70 kilómetros de líneas y sus correspondientes durmientes. Y en un dos por tres, las líneas -según supimos de muy buena fuente- fueron a parar nada menos que a un proyecto minero en Bolivia.

¿Le cree usted ciber lector una palabra a estas autoridades?

Pero no obstante al abortado destino del proyecto del Tren del Vino hasta Pichilemu, estos amigos que día a día (en estricto rigor: semana a semana) usufructan del esfuerzo no solo de ellos, sino de aquellos que no solo le pasaron un huaipe a la querida Locomotora 607, también repararon sus cañerías, hicieron piezas, repuestos –guiándose por el de otras locomotoras-, en fin, trabajaron arduo para dejarla funcionando y reluciente.

Sin embargo, a la hora del "traspaso" a la Corporación del Tren del Vino, una de las pocas condiciones que se les puso, fue de cumplir con el compromiso de poner una Placa metálica donde quedara –como testimonio a perpetuidad- reflejado ese esfuerzo a quienes la rescataron y restauraron.

A varios años de ese compromiso, tras la insistente pelea del profesor Víctor León, lo único que ha logrado es una pálida respuesta del gerente de la mencionada corporación donde reconoce el compromiso incumplido, al tiempo que señala que no disponen de los recursos para confeccionar la placa a una fundición.

En otras palabras: todos ganan con el proyecto en marcha, pero –en todos estos años de funcionamiento- no han alcanzado ha juntar los míseros pesos que cuesta confeccionar la placa metálica.

Digamos las cosas como son: NO HAY VOLUNTAD, pues no basta con reconocer el compromiso. Hubiera bastado "poner en un Chanchito de greda" UN PESO por cada pasajero que han transportado y ya la hubieran hecho, ¡¡demás que sí!!

¿Y las autoridades dónde están, los parlamentarios?

¡¡Pura grasa de caballo!!

 

Subámonos al tren mejor, y leamos el comentario anunciado:

 

Martes 27 de mayo de 2008

Los Trenes de Víctor León

El tren de mis sueños, sale cada día desde la punta de rieles de la Estación de Pichilemu, ubicada a 500 metros del océano -ese otro compañero de mágicas travesías-, el carril serpentea por la ribera sur del estero de Petrel. Suavemente, emprende el ascenso de terraplenes en medio de la cuenca del estero y los espejos del Bajel y el Ancho.
Una noble locomotora convoya la hilera de carros, desde la ambulancia al sobornalero. Deja atrás un cúmulo de despedidas y se abre paso a través del áspero terreno cordillerano; puentes, rellenos, cortes, túneles y estaciones, facilitan el trabajo. ¡Cuanto costaron!, gracias a esa titánica obra, se fundaron esperanzas, pueblos y todo un mundo de ferrocarrileros y usuarios, conectados indisolublemente en extensa red.
No supimos cuidarlo y vino a menos. Nos encandilamos con el manejo del tiempo propio, la seguridad de las cargas y el viaje de puerta a puerta, en fin, todos los actores, aniquilamos al tren. El tren hoy, vive para los vivos y para los soñadores, son trenes distintos, circulan por diferentes rieladuras.
Me quedo con el tren de León, el invita, me lleva de la mano en un gran recorrido, desde los inicios del uso del vapor como fuente de energía, su evolución, los fenómenos colaterales, la cultura ferroviaria de San Fernando y sus ramales, Pichilemu y Las Cabras-El Carmen.
Un ameno viaje de reencuentro con la nostalgia y con nosotros, gracias a la potencia ferroviaria de Víctor León Vargas, éste notable y esforzado conservador de nuestro patrimonio de todas layas.

Publicado por Antonio de Petrel en 08:07 PM 

 

 


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