Lunes, 30 de marzo de 2009

WOODSTOCK: MÚSICA, PAZ, AMOR LIBRE, DROGAS Y ALCOHOL DURANTE TRES DÍAS ....., y LA POLCURA

 

-          Entre el 15 y el 17 de agosto de 1969 (vaya año) se realizó el más famoso evento musical de todos los tiempos.

-          En Chile, poco tiempo después, tuvimos Piedra Roja, en La Reina, Santiago.

-          En Pichilemu, en la playa La Polcura, so pretexto de un festival musical se realizó un evento inspirado en Woodstock. Solo algunos detalles pudimos averiguar de este hecho, recordado “entre líneas” en la despedida de uno de esos soldados pichileminos.   

 

Este año se cumplen cuarenta años de un hecho musical –en el rock- que marcó a millones de jóvenes en el mundo entero. En efecto, la idea de dos jóvenes que quisieron cundir su dinero derivó a la realización de un evento musical que rompió los esquemas y todo pronóstico en cuanto a cantidad de público asistente.

Eso fue en Woodstock, un pueblito cercano a la ciudad de Nueva York, que sirvió originalmente como el lugar de la convocatoria; pero que con el correr de las semanas y éxito en la venta de entradas, obligó a arrendar una finca –a 70 kilómetros de distancia de allí- con una explanada de unos cinco kilómetros de diámetro para enfrentar la avalancha de jóvenes que obnubilados para ver a más de una treintena de artistas y grupos musicales, durante tres días ofrecían tres días de paz y música. Pero que no obstante, fueron más que eso, sino tres días de amor, sexo, drogas y alcohol. Y un colapso en las carreteras aledañas con colas de más de 20 kilómetros de automóviles.

Tanto que, incluso, el grupo Iron Butterfly debieron abortar su viaje pues no podían sortear esos tacos para llegar a la cita a menos que fueran llevados en helicópteros. Y por cierto, los organizadores no tenían contemplado esas excepciones y tampoco los dólares para eso.

Otros artistas y grupos sencillamente no tuvieron ninguna fe en el proyecto musical y dieron prioridad a otras presentaciones; los que probablemente luego de saber el éxito de la cita “quisieron cortarse las venas”.

Una de éstas fue la canadiense Joni Mitchell, quien haciéndole caso a su representante actuó en un programa de TV de su país; con la excusa de “¿para qué te vas a ir sentar al campo delante de quinientas personas?”. 

Si estuvieron Joan Baez, Janis Joplin, Carlos Santana y su Banda, Creedence Clearwater Revival, The Who, Grateful Dead, Sky & The Family Stone, Stills, Nash & Young, Joe Cocker, Teen Years After, The Band, Sha.Na-Na y Crosby, Jimi Hendrix, entre otros menos importantes.

Otros como Bob Dylan no fueron de la parada; pero no porque se negaron, sino éste estaba convaleciente de un accidente. En tanto The Moody Blues y Led Zeppelín tenían contratos y conciertos agendados e ineludibles.

John Lennon no aceptó tocar a menos que su Yoko Ono tuviera poco menos que un palco en el lugar y le hicieron tapa.

También estuvo Ian Anderson líder de la Banda Jethro Tull quien señaló que no estaba dispuesto a pasar un fin de semana con hippies inmundos.

Frank Zappa otro prócer del rock declinó la invitación señalando que no quería embarrarse.

En cambio Jim Morrison el líder The Doors vetó la ida pues no les gustaban las presentaciones al aire libre.

Así y todo, el evento que fue convocado tímidamente en principio como “Feria de música y Artes de Woodstock” se transformó en el evento musical más famoso de todos los tiempos.

De cuando en cuando se ha querido rememorar, pero todos –de una u otra manera- no han alcanzado los ribetes y expectativas de los organizadores.

Poco tiempo después se hicieron eventos de esa índole en muchos países, siendo –quizás- los más exitosos, los encuentros en Río de Janeiro, Brasil.

En Chile también, pero obviamente a la escala de un país subdesarrollado. “Piedra Roja” fue el lugar elegido en la comuna de La Reina, donde los seguidores del movimiento hippie se congregaron. Bandas insipientes y artistas locales fueron los artistas de esa jornada musical, donde también la marihuana, alcohol y sexo tuvieron su protagonismo.

 

LA POLCURA

Hace poco más de un mes, la temprana muerte de un pichilemino –Manuel Feliciano Becerra Jorquera- sacó del baúl de la mente, recuerdos insospechados de un hecho vivido –tras Woodstock- a treinta y cinco kilómetros al norte de Pichilemu. ¿El lugar exacto?

Fue la idílica playa –según dicen- de La Polcura, hasta la cual unos pocos privilegiados han podido conocerla, exceptuando por cierto a los buzos y pescadores de orilla pichileminos quienes se conocen al revés y al derecho cada recoveco del hermoso litoral norteño.

Pero ¿qué semejanza podría existir entre Woodstock y el escenario natural en las arenas de La Polcura?

Por lo que hemos podido averiguar -porque a decir verdad no estuvimos allí, sino un hermano que me sigue en edad quien sí fue de la partida- la música fue solo un pretexto para “enganchar” a una serie de muchachas: unas pocas de Pichilemu y la gran mayoría habitúes de veraneos y largos fines de semana.

Hasta allí –supuestamente- llegarían un par de músicos que estaban sonando con sus primeros éxitos en las radios de la capital. Y dio su resultado.

Cerca de una veintena de jóvenes de ambos sexos se dejó caer un fin de semana largo de octubre o noviembre, premunidos de improvisadas “mochilas”, frazadas de mil batallas. Aceite, sal, pan y vino eran las vituallas.

También un par de guitarras que casualmente ninguno sabía tocar (eran para los artistas que venían de Santiago) eran de la partida.

Allá lo esperaban, aunque en estricto rigor estaban prácticamente radicados allí un par de buzos pichileminos, algunos de ellos compañeros de estudios en un par de cursos, quienes previamente habían sido contactados para que premunieran de mariscos y pescado a cambio de participar del “festival”.

Según me dicen, jamás aparecieron los “artistas”, pese a que en cualquier minuto podían aparecer. Por lo menos así mantuvieron los dos primeros días a las “más cachudas y duras”. Al tercer día ya nadie se acordaba de artistas, la fiesta “estaba armada” y nadie quería que llegara la partida.

El “Woodstock criollo” pasó a la historia de cada uno y cada una, sin que nadie lo sacara a la luz en todos estos años.

Casi salieron detalles inconfesables en la despedida a ese soldado de La Polcura. Fue –quizás ello- que al orador de ese momento se le cruzaron por la cabeza las palabras, en una clara “chantada de conciencia”.

En efecto, seguir con esos recuerdos podría haber provocado “echar al hoyo y sepultar” a más de uno –o una- al poner al descubierto esa aventurilla “musical” en La Polcura, donde en lugar de drogas y música, hubo si mucho marisco con caldillos “levanta muertos” y mucho amor, amor.  Con decir que muchas piedras cambiaron de lugar

Ah, claro. También hubo mucho juego previo como “el corre el anillo”, el primer día. Después se pasó al “emboque”, a las “cambiaditas”, al “caballito de bronce”, entre otras ocurrencias.

Al insistir sobre qué pasó con los artistas, se nos dijo que en el campo musical, aparte de los “dúos”, hubo intentos de tríos; pero desafinaban ….

No obstante, la última noche hubo un Coro espectacular que terminó su actuación a la luz de la luna y todos en cueros en las olas de la playa La Polcura.

Por suerte –aunque no se usaban preservativos- me dicen, no hubo ningún regalo o recuerdo fruto de esos días y noches de La Polcura.

Tampoco ningún matrimonio producto del amor, al menos entre los participantes.

¿Y qué pasó con aquellos protagonistas (as)?

La mayoría se casó. Muchos (as) tienen hermosas familias, hijos profesionales. Es más, unos cuantos (as) son felices abuelitos (as), donde –claro- la amnesia y el paso de los años solo las hace recordar el murmullo de las olas.          

 

 


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