Lunes, 13 de abril de 2009

MILAGRO DE SEMANA SANTA: LA CRISIS DESAPARECIÓ, AL MENOS EN FORMA MOMENTÁNEA

 

Si miramos la situación mundial de crisis con cierto humor, podemos decir que en esta Semana Santa, al menos en nuestro país, ésta desapareció momentáneamente y miles de compatriotas se lanzaron a la costa principalmente para tomar aires marinos –aparte de degustar los frutos del mar- y volver a sus respectivas ciudades y enfrentar el largo invierno con mayores bríos.

Pichilemu, el principal balneario de la Región de O’Higgins no estuvo ajeno a una afluencia que, algunos ya la señalan como pocas en el último tiempo.

En efecto, el jueves –nos contó un cibernauta- con destino a la localidad lacustre de Cáhuil, debió usar el antiguo camino hasta el lugar para llegar más rápido.

Asimismo, nos dijo que ya varias cuadras antes del primer semáforo, en Avenida La Concepción, había una larga fila de vehículos; lo cual hizo que tomara la decisión de buscar una calle alternativa por acceder a Avenida Cáhuil e irse por esa vía a su destino. “Si hubiera decidido usar el camino a Cáhuil por la costa, es muy posible que todavía hubiera estado “en el taco”; agregando que “eso le indica –dijo- la cantidad de automóviles que habían en Pichilemu”.

“Es más –continuó- cuando nos veníamos de regreso el taco vehicular estaba desde el sector del Complejo Turístico Dunamar hasta el cabezal sur del Aeródromo. Y para qué decir en las calles de Pichilemu, por donde uno andaba las calles abarrotadas de vehículos y gente …”, indicó.

 

SUEÑOS INCONCLUSOS

Aunque esta situación que, por una parte, denota  e indica que la afluencia al menos fue excelente, lo que no es un factor seguro que haya sido extremadamente bueno en lo económico para el comercio local, no es menos cierto que deja ver las falencias que –urbanísticamente- quedan patentes o al desnudo.

Y no es que a nadie se le haya ocurrido alguna solución, que ayude en alguna medida a que estas situaciones sean menores o no se noten.

No, existe una solución pensada nada menos que hace 38 años.¡Bastante tiempo atrás!

En efecto, al mismo ciudadano aquel que se le ocurrió “hacer camino sobre las dunas” (en lo que es la actual Avenida Costanera, desde Avenida Ortúzar  hasta el sector de La Terraza, como desde el cabezal sur del Aeródromo hacia Punta de Lobos y hacia Cáhuil) tuvo la ocurrencia de pensar la Avenida Costanera por el borde de la laguna “Petrel” y paralela a la trocha de la línea férrea de unirla al camino público a San Fernando, con el Puente que está próximo a la línea férrea en la salida de Pichilemu.

Así fue el proyecto original, pero lamentablemente a aquel ciudadano, a la sazón alcalde socialista desde  Mayo de 1971 hasta Septiembre de 1973, dejó trunco ese proyecto.

A nadie más en todos estos años –alcaldes de por medio- se le ha ocurrido darle prioridad a esa importante vía que significaría darle a Pichilemu un soberbio acceso (en ningún caso exclusivo) al radio urbano, que permitiría ir desahogando en forma fluida el tránsito vehicular hacia los diferentes sectores.

Lo más que se ha hecho en este aspecto, es mantener el proyecto en el Plano Regulador. Sin embargo –insistimos- a ninguna autoridad comunal ya sea alcalde o concejal de estos últimos períodos se le ha escuchado (ni se ha sabido) que esté dentro de sus preocupaciones para impulsar este tipo de obras urbanas.

¿Qué hace falta al respecto? Seguir majaderamente en el Concejo Municipal –como lo hicimos con otros temas en el Concejo Municipal, en su momento- y plantear ante la Seremi de la Vivienda y Urbanismo, que es la repartición ministerial que tiene que ver al respecto, la realización de un Plano Seccional del sector y presentarlo a que se destinen recursos para el financiamiento de este proyecto.

Este proyecto lo apoyamos incluso antes de llegar al Concejo Municipal, cuando nuestro amigo, el agricultor y cochero  Alfonso Carreño Lizana, planteara la construcción de un acceso nuevo a Pichilemu y se ornamentara a fin de que los visitantes y turistas tuvieran desde la llegada una espectacular “bienvenida”.

¿Qué pasó con esto? Lamentablemente la mayoría de las autoridades de ese tiempo consideraron –quizás- que quien las proponía no era una persona a su altura. Y aparte de frases de buena crianza no pasó más allá. No obstante pese “a la altura de ellos”, ninguno planteó proyectos, ni siquiera ideas o iniciativas que de alguna manera ayudaran a solucionar las preocupaciones de “Monchito”, un hombre de verdad modestísimo pero con una tremenda e envidiable sabiduría.

Pero bien, el proyecto inconcluso de aquel alcalde socialista –que apenas tenía Cuarto Año Preparatoria- sigue latente y nadie ha sido capaz de hincarle el diente.

¿No será tiempo que alguien lo haga? ¿No sería bonito que otro alcalde socialista –aunque de vida incierta- haga algo semejante? ¿O estará el actual alcalde más preocupado de ver si “hasta cuándo seguirá en el cargo, como subrogante, suplente o como titular”, para recién allí a encabezar su gestión alcaldicia?

Desde luego que a estas alturas de su gestión, no nos imaginamos –de verdad- que esté preocupado de aquello; pero sería bueno que dejara sentado –como precedente- algunas de sus preocupaciones mayores como autoridad. Y no solo a seguir la inercia de una municipalidad –descabezada por la justicia, lamentablemente- sin un norte ni una proyección que abrigue algunas esperanzas de soluciones a ese tema, como a muchos otros que están a la espera de que alguien se preocupe.

Pero no todo se reduce a lo anterior, es necesario ir poniendo en el tapete de las prioridades, caminos estructurantes interiores que –pese a estar presentes desde muchísimas décadas, como caminos secundarios- cobran hoy una importancia al momento de darles un uso mayor para desahogar el camino costero a Cáhuil.

Todo ello al margen de la Ruta Costera que debiera –según las promesas de los políticos estar ya construida- pasar por el lado oriente del radio urbano de Pichilemu, uniendo la Ruta I-50 con el camino costero a Cáhuil a la altura de la laguna El Perro. Pero mientras ello no ocurra, debe verse una alternativa desde el sector de Punta de Lobos –por caminos interiores- a fin de evitar la pasada por medio de Pichilemu.

Aquellos caminos están, lo que falta es habilitarlos como corresponde, señalizarlos adecuadamente y ya. De esa manera se saldría de Pichilemu por Avenida Cáhuil, siguiendo por Avenida La Concepción en forma mucho más fluida de lo que actualmente acontece.   

         

 


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