Jueves, 14 de mayo de 2009

OPINIÓN POLÍTICA ¿VINO VIEJO EN ODRES NUEVOS?

 

Por: Hugo Latorre Fuenzalida

 

El hombre tiene tal naturaleza que hace más impresión en él la ficción que la verdad”. Esto lo decía en “El Elogio de la Locura” el gran pensador, Erasmo de Rotterdam.

 

Entonces, cada vez que nos enfrentamos a un período electoral, renovamos nuestra capacidad de ficción, de mistificación, de sueños y de irrealidad, de autoengaño y de esperanzadora expansión en nuestras almas.

 

La Concertación  lleva  20 años en el poder haciendo prácticamente nada por cambiar el orden desordenado de cosas que quedaron de los 17 años de dictadura y de modelo capitalista soberbiamente inequitativo. Se  maquilló al sistema, se le dopó socialmente, se le blindó más aún para evitar sorpresas, y ahí están, nuevamente  esperando que las gentes  crean las promesas para el futuro, en reiterado gesto de imbecilismo morfínico.

 

Además presentan un candidato que ha sido uno de los paradigmas del imperativo empresarial en Chile, justamente porque creyó a pie juntillas en el modelo pinochetista y neoliberal; porque  denegó del rol del Estado de manera reiterada; porque despreció a las gentes y sus reclamos justos cuando fue Presidente; porque privatizó todo y castigó a los chilenos a someterse a pagos de precios internacionales sobre los servicios que antes tenían precios nacionales, pero perfectamente rentables; porque se negó a acatar los dictámenes sobre protección ambiental en aras del desarrollo de los grandes negocios de las transnacionales, porque se jugó para rescatar a Pinochet de las garras del juez Garzón.

En fin, para qué seguir abonando virtudes de este viejo político pro- modelo neoliberal.

 

Por su parte, la derecha chilena, caracterizada  como la más shiita del universo, calificación hecha incluso por sus hermanos derechistas de Francia, lleva 37 años en el poder. ¿Cómo-  dirá usted-, si no han podido ganar ninguna elección en Chile desde que se instaló la “democracia”?

 

Pero en verdad os digo, estos señoritos de la ultramontana derecha chilena llevan 37 años en el poder. ¿Por qué y cómo?.....Muy sencillo: controlan el poder político a través de su acuerdo por el sistema binominal, sobre el cual se han negado a legislar durante los 20 años de “democracia”; controlan el poder económico, pues todo el sistema empresarial, que se apropia del 80 % del PIB de Chile, está metido bajo el sombrero de estos capitostes de la derecha ultramontana; dominan ideológicamente todas las estructuras de formación e información de las Fuerzas Armadas; tienen controlados, a través del Opus Dei, toda la red de información y de nombramientos del Vaticano en Chile; controlan políticamente a los sindicatos de las empresas, cuyos dirigentes sirven de agentes  de relaciones sociales de los dueños antes que de reclamaciones reivindicativas de los trabajadores: controlan la CUT por vía de los partidos de la Concertación, quienes imprimen una mordaza efectiva a sus dirigentes cada vez que un conflicto pueda salirse de las buenas formalidades parlamentaristas; controlan toda la prensa, radio y televisión del país, ya sea por que  son dueños jurídicos de esas empresas comunicacionales o porque son dueños de quienes pagan la publicidad.  Entonces son dueños de todas las fuerzas sustantivas de la sociedad y del Estado.

 

¿Quién nos queda para salir del libreto neoliberal de este tiempo?

¿Las organizaciones de base?

Veamos qué pasó con los llamados “Pingüinos”.  ¿Recuerdan esa movilización levantisca que denunció una educación calamitosa, injusta, inequitativa, privatizada, municipalizada y perdedora a nivel de las pruebas  internacionales de evaluación de calidad?

 

No puede tener usted tan mala memoria como para olvidar que los gremios de profesores, de la CUT y de ANEF, se hicieron olímpicamente a un lado durante el conflicto, dejando solitos a los pobres muchachos que recibían golpes de la policía y del ministerio de educación, de los colegios y de los partidos políticos.

 

Así fue, y acto seguido, los dirigentes fueron cooptados, uno por uno, para sacarlos de circulación: becas, universidades, salidas al exterior o simple forzamiento al exilio activista.

 

Por eso es que las autoridades actúan con tanta soltura de cuerpo, pues saben que en Chile no hay fuerza social organizada que pueda enfrentárseles con alguna posibilidad de cambiar el holgado esquema de privilegios que se han auto otorgado en este prolongado período de “paz social”, que es, a no dudar, una especie de paz de los cementerios, como siempre lo han soñado las estructuras profitantes del poder económico y político, toda vez que configuran una especie de “Santa Alianza” (forjada en Chile en 1988 en los acuerdos constitucionales entre la Concertación y el pinochetismo y que ha regido las formalidades del poder durante los últimos 20 años).

 

Ahora nos aproximamos a una nueva elección donde las dos corrientes del poder se enfrentan para dirimir a quién le corresponde dirigir al “cuartel”. Pues un sistema que está preso social y jurídicamente, bajo una jaula de hierro estructuralmente impenetrable, simplemente están presos, es una especie de cuartel o una “ciudadanía sitiada”.

 

La Concertación, por descarte, llega a nominar como candidato oficial al ex presidente Frei Ruiz Tagle, cuyas virtudes ya destacamos. La derecha, reitera como candidato al empresario Sebastián Piñera, de cuyas virtudes mejor no hablar, pues de  nombrarlas es caer en el “pelambre“ más denigrante que sobre hombre público se pueda hacer.

 

No es de extrañar, entonces, que afloren nombres como Enriquez –Ominami. ¿Qué puede ofrecer este joven líder?

Parece que su oferta política va abarcando un espectro cada vez más incluyente de temas. Inicialmente estaba constreñido a lo llamado “valórico”; ahora ya habla más sueltamente de los cambios sociales y de los económicos. Pero por sobre todo, lo que le avala es su juventud y su desafío.

 

Bachelet ganó por su simpatía, Lagos por su fuerza imperativa de liderazgo, Frei Ruiz Tagle porque en ese tiempo  era portador de la imagen paterna y su mayor desligamiento del partido con sus cofradías de poder (cosa que no resultó incierta); Aylwin, por ser la luna de miel de la vuelta a la llamada “democracia”. Pero Marco Enríquez Ominami comienza a ofrecer algo que está por fuera de la capacidad de absorción del bloque Concertacionista: ofrece movilidad acelerada, mientras que a la concertación la artrosis estructural le tiene impedido el avanzar ni retroceder; ofrece cambio social, mientras que la dirigencia concertacionista no cree en “populismos”; desea cambios valóricos, pero la Concertación valora los no cambios; propone cambios al modelo económico, pero la Concertación ha puesto toda su fe en el mito de los “negocios privados”.

 

Todos los anteriores candidatos de la Concertación han sido partidarios del modelo dominante, incluyendo a Lagos y Bachelet; todos ellos se comprometieron a mantener la “Santa Alianza”; en cambio este Marquito, les empieza a mover el piso y eso le comienza a gustar a una sociedad que ha estado “ni ahí”, que ha estado “en la propia”, que ha permanecido ausente de la cuestión política. Pero ahora, con los escándalos que los medios publican, a pesar de quienes son sus propietarios (lo que hace ver que hasta en el más maquiavélico de los sistemas el diablo es capaz de meter su cola), comienzan a darse cuenta que quienes tienen el poder, también han tenido la capacidad de abusar de ese poder, y los perjudicados han sido esa gran mayoría ausente, ignorante y marginada de ese poder, es decir, el resto de la chilenidad.

 

Puede que Marquito logre sacar adelante un proyecto, puede que logre montar algo creíble, puede que desee realmente cambiar este agonizante sistema “empresocéntrico”; pero también puede que no…., que los chilenos no estemos a la altura, que aún nos gusta esta “Santa Alianza”, justamente porque permite la paz de los cementerios, eso que nos deja cómodos dormir en el sueño de los necios, que creen que el mundo se ve mejor soñando, idealizando, poetizando y mitologizando. Curiosa condición que ya Erasmo de Rotterdam hermanaba a la locura por allá por el siglo XVI, cuando  advertía:

“Decís que es una desgracia vivir en el engaño; mejor es decir que es una desgracia vivir sin engaño”. (El elogio de la locura).


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