Jueves, 28 de mayo de 2009

DÍA DEL PATRIMONIO NACIONAL, UNA OCASIÓN PARA CONOCER Y VALORAR MÁS LO QUE TENEMOS

 

El próximo domingo 31 de mayo se celebra una vez más el Día Nacional del Patrimonio Nacional. Una bonita oportunidad –sin duda- de darse un tiempo para conocer más de lo que tenemos: la hermosa naturaleza que nos rodea y los varios inmuebles que construyeron antepasados, contribuyendo a darle más pertenencia y carácter al lugar que eligieron para vivir e invertir.

En el caso de Pichilemu, pese a no ser fundado sino empezó a crecer espontáneamente, sobretodo a partir desde el año 1885 cuando el multifacético hombre público y visionario empresario Agustín Ross Edwards adquiere propiedades en lo que más tarde construiría un balneario de primer nivel.  Aparte de la obra balnearia –construida por Ross- existen aún varias construcciones que sin tener la magnificencia y el sello que le dio Ross a sus construcciones, no son menos importantes unas construcciones que se encuentran en la Avenida Ortúzar sobretodo.

Es así que, junto al edificio conocido como el ex Casino –hoy restaurado y remodelado completamente- están el Parque a un costado nor poniente del edificio, el Hotel Ross, los cuatro chalets que se orientan al lado sur poniente de la avenida que divide el hotel y parque.

También, están las construcciones donde alguna vez funcionó el Lawn Tennis –hoy realmente casi irreconocible si se comparan las fotografías de la época con lo que queda de aquello- como igualmente lo que fue la Pastelería camino al Paseo de los Baños (Tibios con agua de mar), las diferentes escalinatas para bajar a la playa y el conjunto de terrazas y balaustradas.

Y más al poniente, aún se distingue algo de lo que fue el Barco Mirador, donde funcionaba un exclusivo Salón para tomar el Té y presenciar los más bellos atardeceres junto a los requeríos de La Puntilla.

 

Volviendo a lo que constituye el centro, en la Avenida Ortúzar, están las construcciones que fueron mandadas a hacer por Daniel Ortúzar Cuevas, como son las construcciones de dos pisos donde aún funciona el Correo y oficinas de algunos profesionales. Lo mismo, el edificio donde funciona aún el Hotel Asthur, el mejor conservado hasta ahora. En el sitio eriazo inmediatamente al lado del hotel, estaba otra de las casas habitaciones de dos pisos de propiedad de quien, su nombre, lleva la avenida. Y hacia el final de la misma avenida otra de las construcciones –quizás la más valiosa, por su carácter de histórica- donde funciona desde hace ya treinta y tantos años el Centro “Esmeralda”, de Personal en Retiro de la Armada de Chile.

Por la calle Arturo Riveros, está lo que es hoy un recinto de hospedaje y donde están sus construcciones originales –que eran Bodegas- de lo que fue el Puerto Menor con que fue declarado el Muelle –construido por Ortúzar- y que fue incendiado por fuerzas leales al Presidente José Manuel Balmaceda Fernández en la Revolución de 1891.

 

Por otra parte, Pichilemu cuenta con otros tres monumentos nacionales –aparte del edificio Casino y Parque, declarados el año 1988- relacionados con la obra ferroviaria: El Túnel “El Árbol”, el “Caballo de Agua” –originalmente a pocos metros de la boca sur poniente del túnel- y que tras la venta de las líneas férreas autorizadas por aquel Presidente de apellido Lagos –que primero declaró por todos lados que el Tren del Vino era la primera etapa y que luego llegaría a Pichilemu, y al poco tiempo decretó la “muerte del Ramal” al licitarse 70 kilómetros de línea férrea. Hoy, el “Caballo de Agua” se encuentra en el Museo el Niño Rural, en Ciruelos, en una medida extrema para evitar que algún funcionario u otros malandras se lo llevaran para la casa.

Y, finalmente, la ex Estación de Ferrocarriles, también M. N. –declarada en 1994- tras las gestiones que realizáramos como Presidente de la Cámara de Turismo de Pichilemu, después que ganáramos recursos en el Fondart para restaurar lo que quedó de ella, tras sufrir un incendio en Abril de 1991.

Aparte de algunas de las construcciones señaladas y que están restauradas, otras son dignas de preocupación por el creciente deterioro que han ido sufriendo –por el tiempo y por la inadecuada conservación que de ella se hace. Aunque entendemos que no es por no querer hacerlo, sino por los altos costos que ello implica y donde, generalmente, los recursos siempre son escasos y las prioridades se canalizan a otros aspectos.

Es por ello que abogamos para que surjan otros luchadores de esas causas. Causas que no “ganan votos”, pero que sirven –para satisfacción personal- de contribución al terruño que te brindó todos sus rincones y que te cautivó hasta añorarlo estés donde estés.

 

No está demás –junto con recordarles el Día del Patrimonio e invitarlos a que visiten lo que tenemos- a volver a propiciar y a impulsar la creación de instituciones culturales, como lo son la Corporación Cultural de Pichilemu, volver a reiniciar la formación del Museo de Pichilemu –recuperando las cosas ya conseguidas con ese propósito- y, aparte de él, al amparo de éste o paralelo, lo que debiera constituir una sección o derechamente un museo exclusivo para el SURF, antes que surja en otra ciudad balneario con menos historia ligada a ese deporte, uno dedicado a resaltar las condiciones y características de las olas pichileminas, como de objetos personales de diversos campeones y corredores destacados que quisieran dejar –para la posteridad- alguna pieza, elementos, artículo deportivo, etcétera, para ser exhibido y protegido en el tiempo.

Recordamos que fue la destacada gestora cultural, Gloria Valdés –a la sazón, directora de la Corporación Cultural de Curicó- quien invitada por “pichilemunews” a exponer en Pichilemu, dio la idea, que hemos ido repitiendo, proponiendo en diversas ocasiones, sin que hasta ahora los propios cultores hayan hecho un pronunciamiento claro sobre ello, aparte de buenas intenciones de algunos que no ha llegado aún a concretarse. ….

Salvo lo que hemos sabido -muy al pasar- en voz de Rodrigo Farías, quien en contacto con “pichilemunews” mencionó como uno de los proyectos en los que estaría participando, pero sin precisar en qué consiste.

En buena hora si la idea está “prendiendo”, porque como lo hemos dicho, Pichilemu podría tener cuatro pequeños museos, agregando a los nombrados, el Museo de la Sal, para rescatar –antes que se pierdan- herramientas y elementos usados en todo el proceso productivo de esa actividad que por generaciones y generaciones –desde tiempos pre hispanos- realizan en las albuferas principalmente de Cáhuil, Barrancas, La Villa, El Bronce, en la comuna de Pichilemu. Y en Bucalemu y Lo Valdivia, en la comuna de Paredones.      


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