Mi?rcoles, 07 de octubre de 2009

CORRERÍAS Y PERIPECIAS POR LAS POLVORIENTAS CALLES DE TIL TIL

En pos de reunir antecedentes y fotografías relacionadas con el prócer Manuel Rodríguez Erdoiza –asesinado en Til Til- “pichilemunews” conoció pormenores de la investigación de Mario Carvajal Bunster, colaborador de nuestro amigo escritor y artista Jorge Aravena Llanca.

Tales antecedentes nos llegan a raíz de la controversia acerca de la “calavera” que se dice pertenecería al prócer José Miguel Carrera Verdugo, fusilado en Mendoza. Tema que publicamos el pasado 11 de Agosto recién pasado y que está disponible para revisarlo.

Nuestro siempre atento y fiel ciber lector, en Alemania, nuestro coterráneo Jorge Aravena Llanca nos dice:
Carentes de la posibilidad de obtener fotografías de los lugares donde Manuel Rodríguez vivió su acción patriótica, debimos solicitarle a este entrañable amigo que consiguiera fotos –para el libro que estaba terminando- de todos los sitios donde se menciona su presencia. Nos las remitió, lo mismo el Sr. Marcelo Puño, en ese entonces, encargado de Cultura de la Ilustre Municipalidad de Til Til.
Mario Carvajal Bunster nos envió, además de las fotos requeridas que ilustran este libro, los siguientes comentarios que pasamos a escribir, paso a paso, de sus valiosas indagaciones.

Pues bien querido Jorge. Aquí va la crónica de mis viajes, de mis correrías patrióticas por Til Til. Ayer temprano salí camino hacia Til Til. Largo periplo ya que nadie sabía de dónde salen los buses directos, así que opté por tirarme a la carretera, al cruce de Til Til, y esperar la góndola local... casi tres horas en total. Llegando a la estación de trenes de Til Til lo primero que me vino a la memoria fueron aquellas láricas fotos del poeta Teillier que tú solías tomar. Así que lo primero fue unas tomas de esa desvencijada y romántica estación y algunas casas inmóviles desde la época colonial.

Luego en la plaza me puse a conversar con los baqueanos. Ver y no ver nada. Solo la Municipalidad sin monumento ni monolitos en el centro consistorial. Ni hablar de placas. Y la calle principal se llama Arturo Prat. Esta impresión cambiará luego. Ya te cuento.

Averiguando como llegar a la antigua iglesia católica, después de vadear el río; cruzar las líneas férreas; caminar sobre un cimbreante puente colgante para llegar a un polvoriento camino, donde una vetusta casa patronal de adobe y corredor exterior me avisaron que el tiempo había retrocedido y de seguro el peligro acechaba en cualquier encrucijada. Ya en la cima de una pequeña colina, a donde ese camino me llevó, vi la torre de la iglesia. Le tomé fotos exteriores y comencé a averiguar, con los locales, quién sería el encargado.

Resultó ser la congregación de monjas Mercedarias que tienen el colegio al lado de la iglesia. Así que toqué el timbre y pregunté por la madre regente. Me respondió una hermana misionera española:  que la madre superiora no estaba y que volviera otro día . A lo que, por el citófono, le conté mi misión patriótica y le solicité hablar en persona. Me abrió y me recibió con un tremendo sermón de soberbia: importancias personales; manutención de monumentos nacionales, etc., etc.

En ese momento supe que el peligro que antes presentía se materializaba. Estos realistas aun no se dan por enterados que perdieron la guerra y todavía andan administrando los bienes nacionales a su antojo. Le dije que era un favor humano lo que pedía, que tenía que mandar esa foto en la misma noche de ese día por estar el libro casi en prensa en Alemania y podría perder la histórica toma del lugar donde estaba nuestro prócer, y que entendía que ella tenía el poder de negarse o acceder. Al final la convencí. Trajo la llave y me permitió entrar. Me dijo que no había placa en la iglesia y que muchos aun creían que Manuel Rodríguez estaba allí, pero que no era así; que la techumbre era nueva; que el piso lo habían instalado la semana pasada; que le pusieron cerámicos... y otras cosas.

En toda esta conversación me pareció que la hermanita dejaba de lado algo importante. Luego lo descubrí. Le agradecí su atención y gentileza y le pedí la dirección para que luego tú le mandes un ejemplar a la biblioteca del colegio: Hermana Minimol, Escuela La Merced. Til Til (Correo Til Til).

Me regresé a la plaza mayor y vi a la distancia un pequeño busto al fondo de una calle lateral frente al recinto de los bomberos, sin placa ni nombre. Pero bueno, dije, no creo que sea el teniente Bello...

Ya estaba por tomar el bus de regreso para pasar por el monumento que está a 4 kilómetros del pueblo. Lo que me llamó la atención a pensar, y viendo que estaba frente al edificio consistorial, me dije: ¿por qué no averiguar datos con el encargado de Cultura? Entre a la Muni y pregunté por él. Estaba en un acto por el día de la mujer, así que lo esperé. A medio acto salió del salón y lo encaré. Me presenté como tú representante y le pregunté si alguna vez hubo una placa o lápida en la iglesia. Bastaron estas pocas palabras para que nos sentáramos a conversar una hora. Rescato, de lo que me dijo, que nunca hubo tal placa que colocó el gringo ese del ferrocarril en presencia de Vicuña Mackenna y de Guillermo Matta, pero que existía un historiador local que tenía más antecedentes, incluso, sobre otras cosas pertinentes.

Seguro que tú sabes estas cosas que mencionaré, pero lo hago desde la perspectiva de que entables contacto con él para algo similar a lo de El Monte. Resultó ser que este muchacho es un ferviente rodriguista, y me habló de que Manuel nunca salió de Til Til; que al Cementerio General, los historiadores relevantes personajes que tú me mencionas, se llevaron a un desertor de la Guerra del Pacífico que habían puesto al lado del lugar donde estaba el cuerpo de Manuel Rodríguez, y que una cofradía de bomberos en 1960 lo había exhumado, siendo testigo la monja Sor Rubí, que aun vive y trabaja en la escuela. Esto era lo que se guardaba la monjita española.

El monumento a Manuel está fuera del pueblo, porque allí está la Cancha del Gato, lugar aproximado al sitio del asesinato. El encargado de cultura es don Marcelo Puño y el Alcalde don Salvador Emilio Delgadillo Bascuñan. El Sr. Puño también me contó que los restos de Manuel Rodríguez fueron exhumados por los bomberos que esperaron el día y la hora en que un rayo de sol cruzara cierta ventana de la iglesia que daba, al igual que en el momento en que fue el héroe sepultado, sobre el lugar exacto. Los restos encontrados habrían sido su calavera con restos de pelo rubio, parte de los cordones bordados en oro de su chamarra y las insignias de Húsar del cuello. Que los bomberos habían jurado, sobre el futuro de sus cadáveres, que Manuel Rodríguez no saldría nunca de Til Til, pero a causa de no saber nada de arqueología, los resto se habrían convertido en polvo a los pocos meses.

Es decir, que los supuestos restos de Manuel Rodríguez que están en el Cementerio General son de un desertor de la Guerra del Pacífico y que Manuel sigue, aunque en  polvo enamorado  en la iglesia de Til Til.

Tras de estas gestiones me fui al monumento en las afueras del pueblo. Tuve que esperar unos 45 minutos y tomar las fotos restantes. Luego esperar unos 45 minutos más para tomar el último bus de regreso a Santiago. Las fotos van vía internet.

Un patriótico saludo.

Mario Carvajal Bunster


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