Martes, 10 de noviembre de 2009

ALEMANIA 20 AÑOS DESPUÉS DE LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN

Por: Jorge Aravena Llanca, Corresponsal de la Paz y la Libertad.

    Hoy, día 9 de noviembre de 2009, todos los que vivíamos en Berlín, nos estamos preguntando: ¿dónde estaba yo ese día en que cayó el Muro que dividía a Alemania?

    Porque esta noche 9 de noviembre de 2009, después de 20 años, bajo una intensa lluvia, se ha celebrado la recuperación de la unidad alemana, con la presencia de unas 100.000 personas frente a la Puerta de Brandenburgo, con la asistencia de todas las autoridades políticas de Europa, reunidos bajo el lema de la libertad y protegidos por la euforia de la Unidad Europea.

   Con una gran fiesta culminan los festejos, con el derribo simbólico de un muro en forma de fichas de dominó, decoradas por artistas de todo el mundo y un concierto de la Staastkapelle de Berlín dirigida por Daniel Barenboim.

   Este día ha sido bautizado como el "Día de la felicidad" por la canciller alemana Angela Merkel, la primera dirigente política, en un cargo tan alto, nacida en el sector comunista en esos días de la separación alemana.

   La reunificación alemana era hasta entonces una lucha de poderes políticos en torno al statu quo europeo y a los intereses de seguridad en el Este y el Oeste. Hasta el último momento, fue un acto de equilibrio en el campo de tensión de la guerra fría.

  Ese día, hace 20 años atrás, fue un inmenso salto del comunismo, ya fatigado, al capitalismo más feroz que aún es difícil de asimilar. Es ésta la primera fiesta de este fin de año, 20 después del histórico evento.

  Las encuestas revelan que, en general, los ciudadanos del antiguo bloque comunista europeo han perdido parte de su entusiasmo inicial por las ideas del capitalismo y la democracia. Una de las causas que explica la desafección de los ciudadanos de los antiguos países del Este, son los cambios experimentados, porque por ellos se consideran más pobre que hace 20 años. Polonia, Hungría y Bulgaria están satisfechos, pero aquellos, donde prosiguieron las guerras intestinas por el acomodamiento político de los cambios, siguen sufriendo la descompostura y desigualdad dictada por sus políticos que aún obedecen a los dictados de los Aliados.

   Difícil un análisis precipitado, mejor pensar: ¿qué hacía yo? ¿Dónde estaba en ese momento de la euforia cuando destruyendo el Muro, casi con las uñas los alemanes de ambos lados, desataron su alegría?

   Pareciera que después de 20 años culmina con fuegos artificiales y la congregación humana en el lugar más simbólico de  Berlín y de su historia: la Puerta de Brandemburgo.

   Es necesario recapacitar muchísimo sobre este acontecer. Aunque hayamos sido testigos presenciales, el misterio de ambos contendientes no se ha resuelto ni divulgado al entendimiento popular. Ni lo será. Los intereses políticos siempre son oscuros.

   Mejor seguir preguntándose: ¿dónde estaba yo en ese instante?

   Cuando lo recuerde con claridad podremos seguir conversando.

   Mientras comparto la alegría del hospitalario pueblo alemán, me regocijo a la vez, con todos sus ciudadanos, porque también yo siento que, la libertad es el único bien por el que el hombre debe alegrarse de poseer, siempre que sepa protegerlo y propagarlo, ejerciéndolo con dignidad, en continua y perseverante lucha: ser libre es el único destino de la Humanidad..

    ¿Qué estaba haciendo yo ese día 9 de Noviembre de 1989?

   Algo importante también me impidió estar ese día –como parte de los miles de berlineses que si estuvieron- no obstante al día siguiente, fui parte de los miles de berlineses que no pudieron estar allí el día antes por diversas razones.

   El día siguiente fue tan memorable y entre las miles de personas que eran testigos de aquello pude reconocer nada menos que a Leonard Bernstein, director norteamericano, de orquesta clásica y compositor del famoso musical Westside Store, entre otras obras.

    El suscrito -Jorge Aravena Llanca-  le saludó y pidió esta instantánea frente al Muro en el lado occidental de Berlín, la parte capitalista, el día 10 de noviembre de 1989, un día después de la caída de la estructura divisoria de los dos Berlín.


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