Lunes, 25 de enero de 2010

POETA Y ESCRITOR JOSÉ VARGAS BADILLA YA DUERME PARA SIEMPRE EN EL “BOSQUE PEQUEÑO”

 - Una delegación de la capital de Colchagua -presidida por el alcalde Paulo Molina, concejales y personalidades del ámbito cultural- se hizo presente en las exequias fúnebres para tributarle su despedida a uno de sus "hijos predilectos".

Al lado del “bosque pequeño” –el lugar que le inspiró en decenas de poemas, publicados en una serie de libros, suyos o colectivos- fue sepultado luego de las honras fúnebres, el poeta y escritor José Heriberto Vargas Badilla de casi 100 años de edad.

El oficio religioso se realizó hoy a las 13 horas en la Parroquia Inmaculada concepción, en cuya capilla se efectuó el velatorio correspondiente, muy cercano a su casa habitación –en principio de veraneo- y que finalmente fue para pasar sus últimos años en uno de los lugares de la Región del Libertador O’Higgins que más le cautivó y que fue lugar de inspiración de hermosos versos, sonetos y prosa, que difundió en ediciones financiadas por él mismo como sus escritos en diarios y periódicos de la región, principalmente.

Hoy, si bien no estuvo nublado o con viento –lo que igualmente atraía al poeta- estuvo agradable, pues quienes acompañamos a su esposa Inés, a sus dos hijos, Patricio y Chito, a sus nueras, nietos y bisnietos, no sentimos el rigor de un día plenamente soleado. Sino muy agradable aunque con la emoción propia cuando se despide a un familiar o a un amigo.

Para “pichilemunews” que le conoció por allá a mediados de la década del ’70 –tal como lo expresamos en breves palabras hacia su persona- fue una linda amistad pese a la diferencia de edad de más de treinta años. Ello de ninguna manera fue un obstáculo para compartir sueños e inquietudes que nos llevó a participar en acciones comunes, siempre en el campo de la cultura, del arte, como de sueños ciudadanos.

Quizás, si mal no recuerdo, lo primero fue la crítica –más bien su referencia a la Guía Turística de Pichilemu que realizamos en el Verano de 1975 (y que nos abrió, intespectivamente las puertas del Diario La Tercera, convirtiéndonos en su corresponsal para Pichilemu). Y en el verano de 1978 con su participación como Jurado del Primer Festival Nacional de Cantautores, en el cual nos correspondió un rol en la organización a cargo de la difusión del certamen y en relaciones públicas.

Posteriormente, cuando junto a jóvenes soñadores creamos el Centro de Hijos y Amigos de Pichilemu en septiembre de 1978, muy pronto nos escribió para darnos a conocer algunas iniciativas culturales, las que dadas a conocer al directorio, apoyamos resueltamente.

Así –con el apoyo del alcalde José Lino Vargas,  en el año ’80- se organizó el Primer Concurso Regional de Pintura. El objetivo: crear la Pinacoteca Municipal de Pichilemu; llevándose a efecto y su premiación se realizó en el marco de la Semana Pichilemina del ’81.

Según mi memoria, la ganadora fue la pintora sanfernandina Luz Sepúlveda. Y en segundo lugar un pintor renguino cuyo nombre no lo recuerdo.

Ese mismo año, instó al municipio pichilemino –con el mismo alcalde a la cabeza- para que convocara a un concurso para crear el Himno Oficial a la ciudad de Pichilemu. Don José fue uno de los tantos que participaron y el jurado eligió como el más hermoso –en letra de José Vargas Badilla- y –en música de René Orlando Benavides- decretándose que éste debía ser enseñado en las escuelas de la comuna y ser interpretado en todo acto oficial, después del himno patrio.

En tanto, como escritor y articulista en diarios, periódicos y revistas, muchas veces alzó su pluma para alegrarse con cada obra de progreso que alcanzaba Pichilemu, como también a inquietarse y manifestar su preocupación por la dilación en concretarse otras.

En este último aspecto, varias veces defendió la permanencia del Ramal San Fernando a Pichilemu y especialmente el servicio de pasajeros, único medio seguro de movilización hasta mediados de los años ’80. Cada vez que era suspendido, instaba a las autoridades para reponerlo cuanto antes en beneficio no solo de los pichileminos, sino para todos los habitantes de Colchagua.

Y en el arte de engarzar versos, muchas son sus creaciones que le tributó a nuestra comuna.

Hoy, por un momento quisimos leer los hermosos versos del Madrigal de Pichilemu. Una creación de casi una veintena de versos, pero adivinando lo que podría ocurrir, elegimos finalmente las estrofas del himno a Pichilemu y lo que queríamos evitar, sucedió de igual manera.

Lo mismo ocurrió luego con la poetisa sanfernandina Olga Aguilera Bustamante, quien después de referirse al importante apoyo que “Pepe” brindó a las actividades culturales en la capital de la ciudad huasa, como a los jóvenes talentos en el campo literario, anunció la lectura del Madrigal a Pichilemu. Sin embargo, a pocas estrofas de su lectura debió detenerse en medio de la emoción y los aplausos.

Similar le ocurrió a su amigo de mil batallas, el profesor Víctor León Vargas, quien tampoco pudo recordar todas las acciones emprendidas por su amigo, terminando sus palabras en medio de la inevitable emoción.

Su hijo Patricio fue quien emocionado –al agradecer la compañía de autoridades comunales de Pichilemu y San Fernando, algunos concejales de ambas comunas, amigos y comunidad- dijo entre otras referencias:“Como familia solo queríamos un funeral sencillo, como somos, pero ustedes han hecho una ceremonia y como familia estamos muy agradecidos”.

Tras depositar la urna en nichos recién hechos, un aplauso para el bardo colchaguino fue el tributo final.


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