Domingo, 07 de febrero de 2010

SE FUE PARA SIEMPRE GONZALO, GONZALÍN –UN ÁNGEL PARA SU ENTORNO MÁS DIRECTO- UN SOBRINO PARA MUCHOS TIOS, TIAS

- No obstante que a los cuatro meses de edad los médicos le diagnosticaron Síndrome de “Lenox Gasteau”, micro cefalea, casi nulas rugosidades en el cerebro. Y como consecuencia, escaso tiempo de vida  -algo que los médicos no entienden- falleció a la edad de 25 años.

Hoy domingo, pasado mediodía despedimos a nuestro sobrino, Gonzalo Sebastián Saldías Cuevas (Q.E.P.D.).
A la edad de 25 años, se fue de este mundo a uno mucho mejor, a descansar eternamente, después de una enfermedad que le impidió saber de su problema, no obstante si a comprender el amor y cariño que le prodigaron sus padres –Patricio y Nora- sus hermanos Ignacio, Macarena, Matías, sus abuelas, especialmente Lula hasta el último momento, en que cuidándolo en el Hospital El Salvador, avisó en la madrugada que su llamita de vida se extinguía.

En efecto, falleció a las 5.20 AM aproximadamente de ayer sábado. Y hoy domingo sus funerales en la Parroquia El Carmen, de Ñuñoa, desde donde se le llevó al Parque del Recuerdo para quedar sepultado junto a familiares.

En las palabras que pronunció su hermano mayor, Ignacio -que reproducimos más abajo- en algún momento dijo que su hermano Gonzalo siempre le sorprendía. Y tiene mucha razón. Incluso a quienes miramos más al lado lo que va transcurriendo.

No hace muchos días, el 25 de Enero recién pasado recibió su título de enfermera su hermana menor, Macarena. Y al día subsiguiente, Gonzalito se agravó debiendo ser llevado al Hospital El Salvador, donde con leves mejorías dentro de su gravedad, finalmente no pudo recuperarse, falleciendo en la madrugada de ayer sábado. Ello permitió –no obstante a estar en vacaciones muchos de sus seres queridos- que llegaran igual a brindarle las condolencias a la familia y a acompañarlos. Desde Viña del Mar, de Pichilemu y otros lugares aparecieron familiares y amigos a darle su último adiós.

No hay duda que, pese a todos los cuidados que le brindaron sus seres queridos más directos en estos 25 años, que hoy está en un mejor lugar y desde ahora, protegiéndolos ….

DESPEDIDA  
Este es un extracto de algunas líneas o cartas que le he escrito a Gonzalo durante episodios de mi vida. Puede que suene un poco anacrónica o inconexa en episodios, pero  trataré de reflejar que ha significado este angelito en mi vida y en la de toda esta familia.

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Lo recuerdo como si fuera ayer… “hijo… vamos a buscar a tu hermanito”, medio dormido y todavía sin entender qué  pasaba me pusieron unas zapatillas y me llevaron a casa de la Chole, Manina y Koke.

Ese fue mi primer acercamiento al hermanito que se movía en el vientre de mi madre. “Cómo le vas a poner a tu hermanito” … dormitando dije Gonzalo … Gonzalo Sebastián.

Me dormí, mientras mi mamá daba a luz a uno de los seres más hermosos del mundo.

Recuerdo todo lo que soñé esa noche en casa de la Chole. Soñaba con mi hermanito, con lo bien que la pasaríamos, con las pichangas de fútbol que jugaríamos, las travesuras, los campamentos scout, las malas notas y diabluras, los carretes y  las minas.

Esa mañana fuimos a la Clínica Las Nieves a ver al bebe más hermoso que he visto en mi vida, y no es porque sea mi hermano. Tenía unas pestañas eternas, unos dedos de príncipe (como decía la Lula), unos ojos, pelón bello…

Recuerdo un paseo por el Mall Parque Arauco… y veía cómo la gente se daba vuelta para mirarlo… era lindo… es lindo.

Meses después todo comenzó a cambiar. Yo tenía 7 años… y comenzaba uno de los embates más fuertes de nuestras vidas … todo debía cambiar. Todo sería distinto. Desde ese minuto un ángel se hacía cargo de nosotros hasta hoy y siempre.

Gonzalito tenía 4 ó 5 meses y asumía una posición extraña con sus manitos juntas, como un sacerdote. Pensábamos que sería Cura, pero la verdad es que eran sus primeros episodios de epilepsia.     

Síndrome de “Lenox Gasteau”, micro cefalea, casi nulas rugosidades en el cerebro fue el diagnóstico. El ¿por qué? La incógnita eterna…

Schok inicial, sorpresa, tristeza, rabia, pena, amargura y culpa fueron los sentimientos que inundaron a la familia entera.

Hoy … ya maduro, puedo comprender la angustia y fuerza de mi madre y papá Pato para poder contarme que Gonzalito sería un niño especial. Ahora les agradezco de corazón… por poder ser tan fuertes, tan buenos padres…

Agradezco los viajes que hicimos con papá Pato… Gonzalo viajó por casi todo Chile, amaba más que nadie el auto… es más, unas de sus pocas palabras que pronunció fueron “aíta… auto” …una vez “mamá” que por más que le insistió que lo repitiera no pasó nada… y hasta hace unos meses atrás, incluso con una envidia sana de mi madre, decía “han” por el tío Hernán… sinceramente, ellos dos se amaron desde el primer minuto.

Gonzalo para mí fue un gran maestro. Me enseñó a valorar la vida, me enseñó a amar, a comunicarse con la mirada, a luchar como un guerrero, a surgir, a ser alguien… incluso a no aburrirme … Recuerdo como si fuera ayer cuando un día estaba aburrido en la casa y mi papá Pato me dijo… quédate con Gonzalito toda una tarde y date cuenta de qué es aburrimiento … aburrimiento de no poder jugar con amigos, aburrimiento de no poder expresar que estás aburrido, aburrimiento de no poder hacer los que quieras.

Otro hito importante en nuestras vidas fue mi hermana … la Makita. Ella … pobre … tuvo que sufrir desde el día uno que llegó a este mundo… Tuvo que reemplazar a mi hermano hombre…, me acuerdo cuando la agarraba a pelotazos en la reja de arquera y Gonzalito reía sin parar con su pandero…

El pandero… accesorio elemental de mi hermano… amante de las fiestas evangélicas en La Florida… Amigo de mis amigos como el Topo y Gonzalo, incluso de los que no alcanzó a conocer: Rucio, Nelson, Camilo, y sus respectivas señoras… además de una larga lista de amigos míos que han compartido esta aventura de vida…

Hermano fiel… enamorado de mi señora y su pelo… amante y luchador de la vida… a tal punto que ni los mismos doctores lo podían creer…

Hace algunos años… hablé sinceramente con mi madre… Fue unos pocos meses antes de casarme e irme de la casa… Ella me contó que la situación de  Gonzalo era, metafóricamente hablando, como una velita… poco a poco se iría apagando…

En ese minuto comprendí que la vida es muy frágil… es delicada, sutil, amena, dura y sobre todo para lucharla.

Gonzalito… nuevamente te agradezco de aquí a la eternidad… Me enseñaste a sonreír… me ensañaste a amar sin pedir nada a cambio… me ensañaste a estar alerta y a no perder nunca la capacidad de asombro… me enseñaste la simpleza de la vida… a valorar cada minuto como tú lo hiciste.

Muchas gracias a todos en nombre de la familia por acompañarnos…

Adiós hermano mío.


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