Jueves, 04 de marzo de 2010

¿QUIÉN PAGARÁ LA CUENTA Y CUÁNDO?

“No es hora de pasar las cuentas políticas”, manifestó ayer la Presidenta Michelle Bachelet en una entrevista radial para todo el país, al ser consultada por la serie de cuestionamientos del manejo de la catástrofe -por parte de los organismos gubernamentales- y que asoló a más del 80% del territorio nacional.

Cualquiera coincidirá en que ello es lo más sensato y centrarse en el foco y objetivo principal: concurrir efectivamente con ayuda a las víctimas y lugares más fuertemente azotados por el terremoto y maremoto; pero ¿se refiere al foco que ellos –el gobierno- perdieron al poco tiempo de registrarse la catástrofe?.

Pues es necesario recordar que cuando aún no se acudía ni asistía con apoyos de ningún tipo a nadie, ella misma se apresuró a declarar en forma arrogante y hasta soberbia que nuestro país no necesitaba de la ayuda y solidaridad internacional.

Se ha justificado que la demora fue, entre otros factores, por la incomunicación total que afectó a los sistemas de emergencia, que los reportes eran confusos, etcétera, etcétera, pero por qué entonces se sale o declarar apresuradamente lo anterior. ¿Acaso aquello sirvió para ALIVIAR a quienes necesitaban agua, alimentos, abrigo?

¡No!, muchas horas después ha ido llegando la ayuda, pese a que el transporte aéreo –como hace 50 años atrás lo estuvo en el terremoto de Valdivia- estaba esperando los primeros elementos de ayuda, cargar y volar hasta los lugares más afectados.

Aviones para las pistas que resultaron indemnes o capaces de recibir el trajín de aviones de carga. Y desde ahí, si era necesario, en helicópteros, o en camiones, etcétera.

Todo ello al margen de las otras necesidades que vinieron enseguida, tras las inauditas demoras gubernamentales, la de imponer el orden en la población y detener el caos que estaba surgiendo ante la ola de saqueos y destrucción, producto de la indecisión y “cuidados” de no mostrar las fuerzas armadas en la calle.

¡Imbéciles! Claro, en el primer momento se cuidaron de ello, pero el mundo y también en el país, vimos a la tropa de imbéciles que dirigió el manejo de la situación pasándose o desligándose de las responsabilidades en anunciar la alarma de tsunami y/o maremoto.

Pero no se crea que este modesto análisis al pasar es de personas afiebradas. ¡Por favor!, somos ciudadanos –como cualquier otro- que tratamos de interpretar la impotencia ante la ineficacia a ojos vista.

Y sépase que esta visión no solo es percibida en nuestro país. Ya lo han dicho influyentes medios como The Washington Post que ya editorializó respecto a la acción de las primeras horas y de la reacción tardía en la toma de decisiones. Pero no solo es ese medio. En todo el mundo se replican análisis por el estilo, que “ven otros detalles”. Ya los tendremos y conoceremos.

La mala imagen que dimos como país al mundo, en cierto modo a raíz de lo anterior, los saqueadores y delincuentes que actuaron, se suman a los yerros gubernamentales, dejando al descubierto muchas cosas.

Eso es, en parte, lo que ha motivado a uno de nuestros habituales colaboradores –en Berlín- para enviarnos su visión, que en parte compartimos y que damos a conocer a continuación junto a otro artículo aparecido en el diario electrónico www.elmostrador.cl y que coincidentemente o no, se refieren a situaciones que todos hemos vivido y conocido a través de las múltiples entregas noticiosas -casi sin parar- de los canales de televisión.

No sin antes decir ¡FUERZA CHILE!, ¡FUERZA PICHILEMU!, se saldrá adelante pero no todo gracias a las ayudas y apoyos exteriores –tanto de otras regiones, como de los programas gubernamentales que, necesariamente, deberán surgir para hacer frente a las calamidades y catástrofe producida- sino del propio empeño, empuje y decisión de salir adelante con esfuerzo y sacrificio, como muchas veces –en otras regiones- han salido adelante.

Fuerza a los pichileminos –que residen en Pichilemu- como a todos aquellos que residen en distintas ciudades y comunas afectadas por razones de trabajo: Nombramos a los que están –por ejemplo- en Curanilahue (Hugo González Urzúa y familia), en Quirihue (Luis Moraga Cáceres y familia), en Chillán (René Poblete Castañeda y familia, Mario Galarce Caro y familia); en San Carlos (Francisco Bobadilla Acevedo y familia), en Concepción: un hijo o hija de Miguel Becerra Pavez, de Luis Arenas Galáz en alguna ciudad sureña. En Talca: uno de los hermanos Pacheco Urzúa y familia, Lino Vargas Jorquera y familia. También a uno de los hijos de Carlos Salinas Hormazával y muchos otros, pero cuyos nombres no retenemos. Asimismo, amigos en Curicó: Familia Martínez Morales, Hermanas Fuentes López, Silvia y su hija Castaña; en Peralillo: Ismael Carrasco y familia, Celinda Canales y familia.

Por cierto deben haber muchos más, pero representados en los ya nombrados, nuestro aliento y esperanza que –a partir de ahora- salgan adelante con más fuerza.

¡El terremoto!, ¡El maremoto!! 

- La celebración del Bicentenario ¿dónde queda?

Con palabras propias no importadas como esa de "tsunami" o qué sé yo como la escriben los esnobistas, dejó al descubierto lo que ha sido siempre Chile. Un país donde la miseria la ocultan los políticos, 20 años los de izquierda hasta ahora; 500 años la iglesia en complicidad con la aristocracia dueña de todo, durante toda la historia de Chile, poniéndole frazadas oscuras al pueblo, para que nadie vea sus habitaciones, la miseria del país que dicen gobernar por amor.

A quién se le ocurrió algún instante pensar el por qué los indios mapuches vivían en el interior del país, en el corazón –igual con terremotos- de la geografía de su tierra, alejados del mar, visitándolo de vez en cuando, pero pegados a la cordillera, siempre con un lago de por medio. ¡No! Nadie ha querido reconocer esa sabiduría de esos pueblos más sabios y hacedores de mejor y vida más natural.

El terremoto dejó al descubierto que las carreteras y puentes de Chile, para los autos último modelo de moda, y los empresarios en camiones Mercedes Benz, progresistas que son los únicos que pueden ocupar esas maravillosas infraestructuras y que le han dado una nueva cara de progreso y bienestar al país, ahora, esas carreteras, están todas quebradas gracias al engaño del empresario que, en ese rubro, igual que en todos los otros, han hecho sin conciencia una labor siniestra.

Además el terremoto dejó –a la vista de todo el mundo– sin capa de protección, a la vista de cualquiera, en fotos realistas, que siempre a estado oculta esa miseria chilena, el tupido velo con que los políticos, la iglesia católica que busca la felicidad en el mundo de los muertos,  y todas esas religiones de canutos angustiados, los políticos de turno de izquierda y derecha y los modernos militares.

Ese tupido velo se descorrió y los que mueren, los que pasan hambre, son esos miserables que han vivido levantando banderas tricolores y protegiendo a la Bachelet, como una madre que todo lo puede, con el 80% de aprobación. Ellos, los pobres de Chile, y no otros, han visto sus casas de tierra, palos y cartones destruidas, y aún así el gobierno ha demorado en reconocer que esto existe, en primera instancia negándose a recibir ayuda del extranjero: ¿por qué? pues, porque Chile puede hacer todo por sí sólo. ¡Porque en Chile no existe miseria! No hay pobreza ni desigualdad! "No necesitamos ayuda, compadre, somos los más poderosos de América!"

Todo ha quedado al descubierto y el mundo en noticias lo reconoce, algunos periodistas lamentan haber sucumbido al engaño de que Chile es otra cosa, en ningún caso mejor que los restantes países de América, esos llenos de indios y negros.

Lo dicen los diarios aquí en Alemania, y hablan de los errores de la Bachelet y de la soberbia de sus acólitos; de sus diarios cambios de vestidos a la moda, llena de colores y que después, como una modelo se presentará a la historia, en películas y biografías, como una revelación de supermujer-política, pero que no hizo nada realmente positivo, en profundidad nada!, que se dejó cobardemente gobernar transversalmente, por manos oscuras, desde atrás, en las tinieblas de la masonería, la judería chilena, y el ocultismo religioso, por los cuatro costados de los puntos cardinales. También por la creencia y los complejos chilenos en busca de protección materna, de que, por ser presidenta una mujer, era una madre que todo lo podía. Se comenta que ocultó al mundo esa miseria de Chile y que tuvo que venir un terremoto y maremoto para dejar al descubierto lo que ella y los suyos en 20 años no remediaron.

Qué hipocresía. Qué historia tiene ese país lejano.

La naturaleza enseña en forma cruel, matando y dejando adolorido al que comete faltas y errores. Los que sufren son los más desvalidos, aquellos que las religiones, los políticos ocultan a los ojos de los demás. 

Hemos visto en numerosas fotos, salir a la calle a los militares chilenos. Todos, hasta los conscriptos con trajes nuevecitos, importados de EEUU, y con ametralladoras nuevecitas importadas de Alemania, en tanques también alemanes que dan miedo, en buses Mercedes Benz, y pintadas las caras con colores de "facción de París", hermosos, intrépidos, eficientes, pienso que hasta perfumados, listos para las fotos como en un desfile de modas.

Y los sufridos carabineros, con órdenes superiores, siguen dando palos a la delincuencia que, en definitiva, son los mismos pobres chilenos que no tienen otro recurso que salir a robar para darle de comer a sus hijos. Al que busca protección, comida, agua para su familia: palos con lumas nuevas de robles de Bosnia, las más duras de todos los bosques europeos.

Hay mucho que ver, apreciar y catalogar dentro de este dolor de un pueblo destruido. Pero lo adecuado es seguir pensando, no sólo en ese dolor sino en qué cosas hay detrás para que no nos engañen más, y no sigamos alabando a esos políticos hipócritas escudados en una historia también de traiciones y fracasos.

Dónde está el mal
No sigo! Mejor me callo! Pero cuando tenga otros pensamientos los mandaré. Ahora son tristezas y el dolor de estar lejos, y no poder compartir una ayuda eficaz a los compatriotas que lo necesitan.

Me duele Pichilemu: arrastradas sus barandas históricas, ese color mirando al mar desaparecido, el miedo de mis queridos paisanos, su impotencia ante el abismo cósmico irrefrenable, corriendo y pensando, que aún así, se debe mantener la fe en Dios.

Un abrazo para todos lleno de compensaciones.

Jorge Aravena Llanca

Nuestro Katrina

Por Carlos Correa B. - Ingeniero Civil Industrial, MBA, Imaginacción Consultores

http://papelcero.blogspot.com

Fuente: www.elmostrador.cl

En el año 2009 estuve en Nueva Orleans por razones académicas, y en muchas de las conversaciones el tema Katrina afloraba a la primera, estuve muchas veces reflexionando sobre las crisis en la famosa Jackson Square donde Bush habló a los habitantes de la ciudad, en el Barrio Francés, plenamente reconstruido y con la música vibrante y los collares volando por el aire donde tiempo atrás hubo agua, lodo, muerte y mucha ineficiencia estatal.

Todos los juicios sobre el desastre del Katrina coinciden que además de las propias fuerzas de la naturaleza una parte del caos se dio por el desgobierno que se produjo en la ciudad, después de la ola de saqueos, la no llegada oportuna de ayuda federal y la incapacidad de los gobiernos locales, estatales y federales de mantener el orden público para canalizar la ayuda tan necesaria, en especial para los sectores más desposeídos. Las imágenes de abandono y caos desde el país más rico del mundo dieron la vuelta al mundo, y significó el inicio de la caída de la popularidad del Presidente Bush.

Hay una serie de asuntos comunicacionales que requieren reflexión, que lo más importante es transmitir calma y por ellos eufemismos como “marejadas” o “Chile está preparado para este tipo de emergencias” ha demostrado nuevamente ser abiertamente falsa.

En las investigaciones posteriores que hizo el Congreso de Estados Unidos sobre el rol de la Agencia de Emergencias FEMA, su cuestionado ex director Michael Brown se defendió diciendo que “FEMA  es una agencia de coordinación, no somos quienes tenemos que aplicar la ley”. Más aún, cuando fue cuestionado por no encender las alarmas debido al huracán categoría cuatro que se aproximaba a New Orleans y que podía hacer que el lago Portchatrain inundara la ciudad, se defendió diciendo que nunca recibió la información correcta.

Seguramente a muchos chilenos estas frases les sonarán conocidas. Son muy similares a las que se le escucharon de Carmen Fernández, directora de la ONEMI, defendiendo su rol en esta terrible tragedia, donde al igual que el Katrina una gran parte del daño se debió no solamente a los asuntos de Dios, usando las palabras del Presidente Lula, sino a los asuntos humanos.

Hay una serie de asuntos comunicacionales que requieren reflexión, que lo más importante es transmitir calma y por ellos eufemismos como “marejadas” o “Chile está preparado para este tipo de emergencias” ha demostrado nuevamente ser abiertamente falsa. Lo más importante en una tragedia de este tipo es transmitir información clara y precisa, aún  cuando sea dura. La falta de credibilidad en la autoridad, provoca rumores, incerteza, temores, los que llevan de manera natural al caos y al desgobierno. En un país con la prensa incisiva que tenemos y con ciudadanos opinantes y más aún con ese tótem informativo llamado twitter los llamados a la calma no funcionan por sí solos.

En la gran mayoría de los lugares, los medios de comunicación llegaron antes que el gobierno. Y son lugares que no son necesariamente de difícil acceso como ha argumentado la directora de la ONEMI, segunda funcionaria de este gobierno ratificada por el presidente electo. Estamos hablando de las regiones más pobladas de Chile, con mejor infraestructura de caminos y comunicacional y aparentemente una mayor presencia del gobierno.

Los medios de comunicación llegaron antes a los lugares afectados no porque tuvieran mejor tecnología, sino porque a diferencia de muchas agencias del gobierno, le creyeron a los ciudadanos que transmitieron por todas las vías posibles que estaban en desgracia. Por la radio Bio Bio, la Cooperativa, por la CNN, entre otros tantos, supimos de los tsunamis, de los saqueos, de los edificios derrumbados y hemos sabido de los miles que no se han podido comunicar con sus familias, pese a que el gobierno sigue hablando solo de 19 desaparecidos. Es una lección que hay que sacar para futuras desgracias, entre otras tantas reflexiones que nos ocuparán durante largo tiempo sobre este terremoto y la manera como lo hemos enfrentado.

Un punto que habrá reflexionar cuando se haga una evaluación fría de este gobierno, es que además de múltiples aciertos, tuvo una dificultad congénita para manejar crisis complejas. En las tres más duras, la revolución de los pingüinos, el Transantiago y este terremoto afloraron los errores comunicacionales. En las tres se repiten las mismas claves: minimización de la crisis, indignación ciudadana recogida en primer lugar por los medios de comunicación, reacción del gobierno ante la sobreabundancia informativa sobre situaciones de caos, información clave en manos de tomadores de decisión que no fue tomada en cuenta y estrategia de culpar a funcionarios de menor rango con el objeto de defender la popularidad de la Presidenta.

Volviendo a Nueva Orleans, si bien hubo una ayuda federal importante para la reconstrucción física de la ciudad, el alma de la más bella ciudad de Estados Unidos fue posible reconstruirla porque sus ciudadanos decidieron no echarse a morir y que la ciudad del jazz, de la cocina cajún y de la eterna fiesta tenía que seguir adelante. De la misma manera que quienes vivimos acá decidimos que con la ayuda de todos en pequeñas cosas volveremos a parar a nuestra tierra.


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