Domingo, 28 de marzo de 2010

PISTA DEL AERÓDROMO DE PICHILEMU “PAREJITA COMO MESA DE BILLAR”


Como en sus mejores tiempos quedó la pista de aterrizaje del aeródromo de Pichilemu, tras los trabajos realizados por maquinaria conseguida por el Jefe de Plaza, el coronel Melo –de la Brigada Aérea Ejercito, del Comando de Aviación de Rancagua- luego que el presidente del Club Aéreo local piloto Renato Jaramillo solicitara el apoyo para dejar ciento por ciento operativo la importante alternativa existente en el borde costero de la Región de O’Higgins.

En efecto, así nos lo informó el propio dirigente del club aéreo local, quien desde hace años está gestionando la renovación del Comodato de Administración del Aeródromo Municipal que le permita al Club Aéreo de Pichilemu, CAP, realizar un mejoramiento integral para operar en condiciones de seguridad tanto para los propios habitantes del sector como para las aeronaves y pilotos que aterrizan y despegan desde el lugar.

Esta actividad en el pasado se ha realizado sin mayores problemas, pero siempre en condiciones de riesgo por la poca o nula conciencia de personas que ingresan –sin permiso- a través de los cierros, en muchos casos y en forma permanente “cortando los alambres de púas”, para transitar por la pista y/o atravesar de un lado a otro.

Si bien es cierto, unos pocos lo hacen por los costados del cierre perimetral, unos cuantos intrépidos e inconcientes lo hacen paralelo a la pista. E incluso, unos pocos, por el interior haciendo caso omiso de retirarse y/o alejarse del lugar cuando vienen aterrizando aeronaves o despegando, lo que ciertamente constituye un riesgo tanto para quienes caminan junto a la pista como para los ocupantes de los aviones.

Esta razón es la que principalmente atenta al normal desarrollo de las actividades aéreas en el aeródromo pichilemino y que ha sido una de las causales más recurrentes por la cual la Dirección General de Aviación Civil, D.G.A.C. -que es el organismo que vela por las operaciones aéreas se realicen dentro de la normativa del Código Aeronáutico- exija al CAP la corrección de las distintas observaciones que –en visitas de inspección- realizan a los distintos clubes aéreos del país. 

 

CÍRCULO VICIOSO

Cabe señalar que esas exigencias se las realizan al Club Aéreo de Pichilemu, CAP, y no a la Municipalidad de Pichilemu que es la propietaria del Aeródromo.

Así y todo el CAP, desde que fuera fundado el 2 de Noviembre de 1964, ha asumido siempre estas observaciones en el tiempo, logrando de la D.G.A.C. las autorizaciones para operar tanto con el aeródromo como con sus aeronaves, pero ello siempre ha estado respaldado por la vigencia de un Comodato de Administración entre el municipio y el CAP; firmándose a través del tiempo por cinco años, e incluso por diez años, hasta que el hoy ex alcalde Jorge Vargas –condenado por la justicia- se negó a firmar Comodatos de más de un año de duración, motivado por su creciente interés de enajenar los terrenos del Aeródromo Municipal, influido por un personaje que durante ya varias décadas viene inscribiendo para su beneficio terrenos fiscales (con el alto auspicio de Bienes Nacionales y ayuda de otras autoridades).

Llegó un momento que –pese a la solicitud del CAP- de seguir renovando el comodato anual, no hubo respuesta alguna; dejando en el limbo la administración del Aeródromo y, por tanto el CAP, impedido de realizar los trabajos de mejoramiento que exige la D.G.A.C. para “salvar las observaciones” y lograr poner en funcionamiento el Aeródromo.

Pese a esa evidente mala disposición del ex alcalde Vargas hacia el CAP, tras su destitución por acción de la Justicia, se producen los ya conocidos cambios de alcaldes: titular primero y muy luego, subrogantes y suplentes.

Por desgracia ninguno de ellos, “se puso los pantalones en el tema” (algo imposible en algunos de ellos), hasta que –finalmente- tras el fallo definitivo de la Justicia en el caso Boletas Adulteradas; accede como alcalde titular Roberto Córdova Carreño.

Conversada la situación, a través de dirigentes del CAP, esta nueva autoridad comunal se allana a buscar una solución, mostrando su disposición para que el CAP pueda administrar y operar el Aeródromo, en base a la firma de un Comodato de Administración del Aeródromo, de largo plazo, accediendo a la solicitud de la institución aérea pichilemina.

Pero no obstante, encarga la redacción del documento al nuevo abogado asesor municipal, quien después de un tiempo presentó un extenso borrador con una serie de puntos que hacen impracticable la firma del documento.

Ello por cuanto hay una serie de cláusulas que ponen al CAP bajo la espada de Damocles, constituyéndose en un documento “leonino” mediante el cual el CAP queda supeditado a que unilateralmente la Municipalidad –no un Tribunal- puede argumentar causales para ponerle término al Comodato sin que hayan indemnizaciones por la serie de mejoramientos –que se autorizan- y que eventualmente se hayan hecho a la fecha.

El CAP le ha hecho las observaciones al “borrador” pero el abogado ha recomendado dejarlo tal cual y hasta la fecha no se ha firmado.

Desde el año 1964 en adelante se fueron firmando Comodatos de Administración, todos los cuales, cautelaban como corresponde el interés municipal. Y nunca hubo una causal que impidiera al CAP siguiera administrando el Aeródromo.

Hoy sin embargo, en una actitud contradictoria, el alcalde Córdova aparece públicamente apoyando la firma del Comodato con el Club Aéreo, pero en los términos redactados eso se hace imposible.

Renato Jaramillo –el presidente del CAP- nos ha informado que nuevamente se le hizo llegar al alcalde Córdova una serie de observaciones al borrador de Comodato con la esperanza de modificarlo y llegar a firmarlo a la brevedad. Lo que esperamos así sea.

Este borrador “leonino” ¿significa que los anteriores comodatos no cautelaban los intereses municipales? ¿Acaso notó algún riesgo el alcalde Córdova que el CAP quiera quedarse “para sí” con el Aeródromo Municipal o que esta institución quiera enajenarlo en el futuro?

¿Acaso no se ha dado cuenta quiénes son los que le tienen ganas a esos terrenos …?

Hoy por razones fortuitas y por la tragedia que sufrió buena parte del país, muchos se han dado cuenta de la necesidad imperiosa de que nuestro país tenga operativos una red de Aeródromos a lo largo y ancho de nuestro suelo. Los que de hecho han servido para que –tal como en catástrofes similares en otros años- se realicen “puentes aéreos” que han permitido llegar más rápidamente con ayudas a las zonas más dañadas del país. Y ahí, como siempre los distintos clubes aéreos han estado al pie del avión, colaborando y ayudando a hacer más expeditas los auxilios, socorros y ayudas a la comunidad.

Es por ello y ante la inercia municipal es que el CAP en días pasados -ante la emergencia- reabrió el Aeródromo aunque con ciertas restricciones en la Pista de Aterrizaje.

Felizmente y providencialmente el Jefe de Plaza, coronel Melo a cargo de la provincia Cardenal Caro es un hombre que sabe sobre la importancia de los aeródromos y ante la solicitud del CAP se sumó con sus buenos oficios y gestiones; lográndose que en días recientes el Aeródromo haya quedado “parejito como mesa de billar” y en condiciones de que las aeronaves puedan operar sin problemas.

Ahora falta –por una parte- que el alcalde Córdova se allane a firmar un Comodato sin tantas restricciones, limitaciones y con cláusulas que lisa y llanamente están demás, pues llegado a una situación especial que pueda ser motivo de controversias, éstas se pueden llevar a la Justicia y sea ésta quien determine las responsabilidades de uno y otro ente.
Y una vez firmado el Comodato de Administración, seguir con la serie de trabajos y trámites ante la D.G.A.C. para que este organismo levante las restricciones, autorice formalmente que el Aeródromo está operativo y lo comunique a través de un NOTAM sobre las nuevas condiciones de operatividad del aeródromo pichilemino. 

Todo lo demás es ponerle “pelos a la leche” y justificar –por parte del abogado- sus honorarios.

Esos esfuerzos y conocimientos del destacado profesional podrían ser ocupados más brillantemente en cautelar la serie de terrenos: Bienes Nacionales de Uso Público principalmente, que audaces han ido tomando para sí, dejando a la comunidad sin varios de estos.       


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