Martes, 10 de agosto de 2010

FOTOGRAF?A DEL POETA OSCAR CASTRO EN PICHILEMU

Por Jorge Aravena Llanca, desde Berl?n para ?pichilemunews?.

El 18 de marzo de 1999, en el Diario VI Regi?n, de San Fernando, en la p?gina 3, en la secci?n opiniones, sali? un escrito de nuestro escritor pichilemino Jos? Arra?o Acevedo.

Se refer?a a un poema m?o que el escritor Vargas Badilla, pensaba publicar en una antolog?a de poetas de Pichilemu, para lo cual estaba haciendo una severa recopilaci?n.

Yo le mand? a don Jos?, varios poemas que, a trav?s del tiempo en momentos de nostalgia, iba escribiendo sobre el pueblo donde naci? mi madre.

Uno de ellos le caus? mucha impresi?n y dudas, pues entregaba un dato desconocido, o por lo menos nunca mencionado: que el poeta Oscar Castro era un asiduo visitante de las playas de Pichilemu.

Entre mis amistades de veraneantes, en esos meses calurosos de enero y febrero, conoc? a muchas familias cuyas generaciones anteriores hab?an nacido en los alrededores y, que sus descendientes segu?an practicando el viaje, desde la bendita ni?ez al calor de sus abuelos en las playas de Pichilemu. Eran de diversos apellidos y todos conoc?an sus ra?ces. Algunos Rodr?guez, Castro, Mart?nez, Lizana, Clavijo, Pav?z, Vargas, Cornejo, se dec?an, con toda seriedad, hasta parientes del Cardenal Caro.

Yo encontr? en el archivo de la familia Bravo Moreno de Rancagua, que ten?an una casa justo frente a la bajada a La Terraza, en su ?lbum de fotos, una de Oscar Castro frente al mar de Pichilemu, apoyado en la roca m?s pr?xima a la bajada de esas escaleras bordeadas de columnas de color blanco y rosado.

Me inspir? en base a esa fotograf?a, y a otras donde estaba mi padre conmigo en sus brazos, cuando era yo apenas un ni?o de meses, rodeado de casi toda nuestra familia, tanto de Santiago como de Pichilemu. Fotograf?a de color sepia casi borrada por el tiempo, lo mismo que esa del poeta Oscar Castro. Este? hallazgo me dio la inspiraci?n de escribir el poema que le mand? a don Jos? para el proyecto del libro antol?gico. El poema dec?a as?:

?El que est? sentado en la roca / frente al Mirador / es Oscar Castro, con traje y corbata. / Le ten?a tanta confianza al mar / que nunca se sacaba el sombrero / para divagar con la espuma. / Rielaba sobre las olas de Pichilemu, como las golondrinas / en busca de peces / para alimentar sus palabras. / De la terraza caminaba / hasta el Infiernillo, / siempre cabizbajo. / El ?ltimo d?a / empap? sus pies / y se los cubri? de arena. / As? regreso descalzo a Rancagua a escribir su epitafio. / De esta fotograf?a? ya no queda casi nada. / La roca se la est? llevando el viento / y los poemas de Oscar Castro siguen guardados / en un libro de espejos / que s?lo leen retinas amarillas?.

Don Jos? Arra?o Acevedo, con dudas sobre este nost?lgico acertijo, escribi? en el diario citado al comienzo de estas palabras: ?Con esta cr?nica po?tica de Jorge Aravena Llanca, pens? que el l?rico Castro si pudo haber venido muchas veces al balneario costino, ya que Pichilemu era la playa de los rancag?inos ?y sigue si?ndolo?. As? fue que qued? con esa feliz idea d?ndola, por si fuera cierto lo afirmado por Aravena Llanca, al conocer al escritor Guillermo Drago Rojas, tambi?n rancag?ino, contest?ndome ?ste afirmativamente: que Oscar Castro llegaba a la casa que su hermana Graciela ten?a en las vecindades del Hotel Ross, ya que era casada con el industrial y ex diputado pol?tico, Julio Valenzuela. Y que ?l mismo ten?a en sus archivos una o dos poes?as de Oscar Castro, inspiradas en Pichilemu?y que fotos del poeta en las playas de Pichilemu, seguramente tendr?a muchas su viuda Isolda Pradel. Apenas Drago me envi? una de las poes?as pichileminas, sobre el Infiernillo, la di a conocer en mi audici?n dominical que tengo en la Radio ?Atardecer? local.

Y esa composici?n po?tica, mejor dicho la ?Tonada al Infiernillo?, lo hace cantar a Oscar Castro as?:

?Infiernillo, / tu mar est? destrozando / un cuento de barcos idos. / Tus rocas dentadas muerden / el agua en duros molinos / y salta la espuma fr?gil / como una harina de lirios.

Infiernillo, / para gaviotas de vientos / acu?as alas de vidrio. / C?mo levantas alto / diez mil pa?uelos de lino / para saludar la sombra / de bergantines perdidos.?

Tus aguas bailan la polca / violenta del equilibrio, / la transparente pollera / llena de encajes floridos. / Infiernillo, / los pechos verdes del mar / rompen en ti sus corpi?os.

Dictas lecciones y sumas / de caracolas marinas. / Las rocas que te circundan / son azules de suspiros. / Infiernillo, / tu mar esta destrozando / un cuento de amores idos?.

No pod?a ser de otra manera. Ten?a Oscar Castro que conocer, como verdadero artista, la maravillosa obra arquitect?nica que emprendiera? en Pichilemu, desde fines del siglo pasado, el hijo de escoc?s, uno de los pioneros del turismo nacional Agust?n Ross Edwards, atrayendo as? al bardo rancag?ino para sus excelentes poes?as marinas, inspiradas en el encuentro del oc?ano como el pe?ascal que lo enfrenta gloriosamente?. Hasta aqu? la cr?nica de don Jos? Arra?o Acevedo.

Como dentro de mis planes, para volver a Pichilemu, est? llevar nuevas canciones compuestas a la distancia, entre ellas una dedicada a Infiernillo, estos recuerdos del poeta Oscar Castro y del escritor Jos? Arra?o Acevedo, me llevan a escribir esta cr?nica sobre dos cr?nicas anteriores y anunciar, como un compromiso, que llevar? a cabo en un CD titulado ?Para Pichilemu, antes de morir?, donde, entre otras, va una letra con m?sica dedicada a Oscar Castro y otra a Infiernillo.

La de Infiernillo dice as?:

?Infiernillo"

El fondo del mar en Infiernillo, / emergi? rocoso y se eriz? agresivo, / erupcion? del fuego con fuerzas tutelares / submarinos designios de piedras como altares.

Su antigua soledad, la historia de Infiernillo, / estall? en mil pedazos de embravecidos ruidos, / desgaj? las aguas e intent? llegar al cielo / e inspir? al oleaje que lo desgarra enfurecido.

Es en Infiernillo donde el mar de Pichilemu / estalla en el cielo cuando se va poniendo el sol, / dibuja expresiones de dioses moribundos, /? desconocidas formas, colores de otros mundos.

Infiernillo exist?a bajo el mar y anticipaba / la historia de Pichilemu en piedras arrodilladas. / Sobresali? asfixiado con fuerzas milenarias. / En un lecho volc?nico resisten sus entra?as.

Calor endurecido, cruda religi?n de piedras / molde? agrestes figuras de rostros calcinados. / En qu? lejanos tiempos cual maldici?n divina / revolucion? el misterio de la vida marina?

Comulga con nosotros la belleza de Infiernillo / como exaltaci?n profunda del anhelo de Dios, / de morir todas la noches y resucitar al otro d?a / ilumina a Pichilemu y germina nueva vida.?

De Oscar Castro tenemos su inolvidable poes?a, de don Jos? Arra?o sus cr?nicas y su palabra grabada en sus audiciones radiales, y yo, sigo cantando a la distancia lo que me dicta la nostalgia, que se propaga gracias a esta p?gina benefactora de Washington Sald?as, y para Cahuil de su hermano Antonio, que frente a la laguna m?s de una gaviota le repite en cada esquina Llanca, Llanca.


Berl?n 11 de agosto de 2010.


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