domingo, 23 de enero de 2011

Una larga caminata a pié

CITY TOUR POR LAS CALLES Y PASEOS DEL BALNEARIO DE PICHILEMU

 

Hemos recorrido infinidad de veces las calles del radio urbano, tantas veces como los rincones de nuestra comuna de Pichilemu; pero tras casi un año de ausencia, instintivamente luego de pasar a gestionar un servicio, iniciamos un recorrido que transformamos finalmente en un City Tour por lugares que, vale la pena recorrer y admirar.

Hay lugares que siguen igual, pero otros tantos denotan un cambio radical, otros un detalle sutil, pero que no obstante nuestra memoria y ojo captan de inmediato.

Muchos de estos cambios son producto de la secuela post terremoto, que si bien son menores comparados a otros balnearios y ciudades que sufrieron el rigor de las fuerzas de la naturaleza, acá también provocaron algunos daños, y por ende, cambios en la fisonomía.

Partimos en la última cuadra de Avenida Ortúzar, y al mirar hacia el oriente vemos no solo con mayor nitidez la laguna El Bajel –con cisnes y otras aves acuáticas- sino también las nuevas viviendas de madera que miran al frente hacia el Poniente.

Siguiendo por calle La Concepción, vemos construcciones tradicionales remodeladas; asegurándoles más años de vida. Por si no lo saben, éstas fueron casas patronales del Fundo Pichilemu y que se han mantenido con leves modificaciones por más de 150 años.

Y muy cerca de allí llegamos al no menos conocido lugar de encuentro de los vecinos del Barrio El Bajo. Estamos hablando de la Culata, en la intersección de las calles La Concepción, Camilo Henríquez y San Antonio.

Espacio de miles de tertulias, de historias, de tambores de aceite sacados en cientos de mañanas de pleno sol, de decenas y decenas de asados de perro, de fondos de chicharrones, de fogatas, de tallas, cuentos, de pitos y gramos de madrugada.

Hoy, quizás, el pavimento inhibe tertulias o es simplemente el quehacer veraniego que ocupa los días de los habitúes en forma más productiva.

Al frente, definitivamente, el local de Pompas Fúnebres y la antigua vivienda de adobe que lo contenía desapareció. Y nuestro camino sigue hacia la Ermita de Sor Teresa de Los Andes. Mudas bancas esperan humanidades cansadas, en tanto la imagen de la Santa las oraciones ausentes.

El lugar, rodeado de plantas y erguidas flores, invitan al esquivo transeúnte, pero la hora solo da y permite signos de apurada inflexión.

Más allá, nuestros pasos nos acercan a rostros asoleados al tiempo que nuestra vista reconoce a los “carteleros” que ofrecen sus viviendas o las de otros y se abalanzan sobre los ocupantes de los vehículos que andan en busca de arriendo.

Nos detenemos un momento y saludamos. A las dos damas y el varón presente en ese instante los reconocemos y, ellos, a su vez nos reconocen. El varón es un taxista que hoy también es dueño de cabañas, en tanto una de las damas nos dice que con su actividad ayuda a financiar los estudios de cuatro de sus hijos en la universidad: todo un logro y orgullo. Mientras que la segunda, de más edad, es una rancaguina con casa en Pichilemu y que también arrienda cabañas. De buena memoria nos recuerda que ella es la madre del fotógrafo de época, denominado “El Baúl de la abuela” y que en un momento ayudamos a su instalación en su incursión en el balneario.

De ahí enfilamos a la ex Estación de FF. CC., edificio que en el año 1993 postulamos su recuperación al Fondart –con éxito- al tiempo que solicitamos la declaratoria de Monumento Nacional cuando éramos dirigentes de la Cámara de Turismo de Pichilemu. Calidad que se obtuvo para resguardarla de los “hunos” y parásitos de EFE.

Una prueba de ello es el edificio de EFE que está inmediatamente a continuación de la ex Estación y que luce hoy totalmente ruinoso. Y, ojo, este estado no solo es atribuible a los efectos y secuelas del terremoto del 27/F pasado, sino de la histórica despreocupación de la empresa ferroviaria con sus inmuebles y patrimonio que pertenecen a todos los chilenos.

Ese edificio fue desde el año 1926, cuando el 5 de Enero llegó por primera vez un tren de pasajeros, el Hogar del personal que pernoctaba en una Estación “punta de rieles” como era Pichilemu.

Posteriormente a la suspensión definitiva del servicio de pasajeros, el Hogar fue “tomado” a su cargo por el Servicio de Bienestar de la empresa, Pero, como ya dijimos, solo se dedicaron a sacarle el provecho con sus funcionarios. Nunca a mantenerlo en condiciones dignas y con el paso de los años, del tiempo sin manutención, su estado fue deteriorándose progresivamente. Y hoy, en consecuencia, su estado es fruto de esa “des-preocupación”.

Sabemos que desde hace un año el municipio –o mejor dicho la Oficina de Turismo- pretende convencer a instancias superiores de solicitarlo, de arrendarlo, etcétera, para llevar adelante ahí un proyecto, quizás para trasladar allí las Oficinas de ese Departamento. No lo sabemos a ciencia cierta. Sin embargo, sabiendo al ritmo de cómo se trabaja en el municipio es posible que ocurran muchas cosas antes,

Sabemos de otros proyectos en el ámbito de esa oficina que se han quedado ahí, solo en intenciones que duran años, sin hacer nada efectivo por concretar, hasta que surgen nuevas inquietudes como las señaladas.

Antes de seguir con nuestro recorrido, vemos ya terminado el Mural –con motivos marinos- realizado en la fachada norte de la ex Estación por el artista local José Ignacio Vargas Celis.

En ese momento, cuando admiramos la obra pictórica, dos lolas que caminan raudas hacia donde estamos, cuando se nos cruza una idea y reflexionamos: “tan jovencitas y ya las dejó el Tren”. Ellas sin adivinar que pensamientos cruzan por nuestra cabeza, pasan tirando sus maletas cabeza gacha, indiferentes …. 

Tras ello, continuamos y llegamos al Puente Peatonal al final del andén. Desde ahí nos detenemos para contemplar el tramo de la Avenida Costanera que bordea la Laguna Petrel y que desde el año 1972 espera seguir bordeando la laguna y paralela a lo que hoy es solo el “rastro del tendido férreo” empalmar con la Ruta del Vino en el sector de Puente Negro. ¿Cuántos años pasarán para que otra autoridad comunal termine ese proyecto que está planificado en el Plano Regulador?

 

La Plaza Prat luce un tanto deslucida y sin el movimiento de otros años. Sus prados lucen verdes y coloridas flores; pero algo indica la ausencia del brillo y el murmullo de niños y muchedumbre.

Quizás los trabajos allí anunciados sean la causa de esa impresión; pero el caso es que no se han hecho y tampoco se ven indicios de comenzar; aunque hay que reconocer que tampoco es el momento más oportuno para emprenderlos. Estos deben iniciarse, lo ideal, inmediatamente después de Fiestas Patrias o terminado Febrero: En un balneario se estila y es de buen tino mostrar cosas hechas y no “haciéndose”, incomodando cuando justamente se trata de modernizarse y dar comodidades y no incomodidades a nuestras visitas. Hay que tener presente, también, que las platas no siempre están disponibles con los tiempos, oportunamente.

Es en los alrededores de esta área verde, dónde vemos que llegan, pasan y salen coches con entusiastas pasajeros, especialmente los niños. De ahí enfilan por la Avenida Costanera y en el paisaje –con un coche paseando en primer plano- se nos cruza en fracción de segundos el rostro sonriente y feliz, de satisfacción, de quien fuera el “constructor” de ese paseo público que se atrevió contra todos los agoreros de la década del ’70, a realizarla y cumplir con el sueño de años, no obstante tuviera que cruzar las dunas que, en esos años llegaban hasta la actual calle Arturo Prat.

Así se hizo la Avenida Costanera hasta el sector de la Terraza, se fue consolidando y modernizándose con el tiempo, y a la vez, ganándole terreno al mar. Prueba de ello son las construcciones entre la avenida y la calle señalada.

Los detractores de ese tiempo le dijeron de todo: iluso, loco, entre otros epítetos.

¡Cómo debe sonreír ese iluso, ese loco, de felicidad al ver disfrutar de ese paseo público!

Más allá vemos asomarse sobre las dunas el armatoste –la Torre del Canopy- que por estos días está detenido y en medio de una demanda, no solo porque está sobre las dunas que -a decir de muchos que saben- salvaron al sector de daños muchos mayores a no ser de su existencia. También está el tema de la contaminación visual y si vamos más al dedillo, es muy probable que el espacio que ocupa (que no solo son los m2 que ocupan las Torres) no esté pagando los derechos correspondientes, comparado lo que pagan por m2 quienes tienen kioscos.

Aparte de otros detalles que –si sigue la demanda tomando auge- puede llegar a descubrir no solo los incumplimientos de los puntos de las bases. Si hay tantas personas cesantes –según sus dueños- en este minuto a causa de su paralización da para preguntarse, como se argumenta, cómo y en qué calidad trabajan.

Desde nuestro punto de vista, ese espacio no es el más adecuado. Hay otras alternativas.

Cerca, vemos cómo los kioscos –muchos de los cuales fueron arrasados y destruidos por la acción del mar, producto del maremoto- nacen con un nuevo estilo, más cercano a la arquitectura de la obra que realizara don Agustín Ross, impulsor del balneario.

Se ven algunos terminados, otros a medio hacer, pero definitivamente más atractivos que los anteriores, que dicho sea de paso, igual tenían un estilo parecido; pero con techos que no tenían la uniformidad requerida.

Llegamos a la Terraza y la vemos totalmente reconstruida. Incluso, construida de manera tal que soporte en mejor forma movimientos de la naturaleza. No obstante, las balaustradas caídas de las escalinatas no fueron recuperadas. Lo mismo acontece con las balaustradas del Parque.

Tal como ya lo hemos informado, a continuación de la Caleta de Pescadores –que muestra un singular movimiento, donde probamos un exquisito ceviche pre cocido- se construyeron barandas de maderas y dos sólidas escalas de acceso a la playa dándole un mayor atractivo al sector.

La única evidencia de los estragos del maremoto en el lugar, es el contenedor metálico que está destruido sobre un muro de la infraestructura portuaria. Por suerte, la hermosa sirena de ese sector quedó incólume y sin daños aparentes  Otro –según nos informa Enrique “Choriblico” Vargas- se lo llevó el mar y debe estar enterrado en algún lugar desconocido.

Acercándonos a La Puntilla, vemos cortada la Palmera que hasta hace poco lucía enhiesta desafiando los vientos; pero al parecer se secó y la cortaron. Esperamos que esa u otra buena razón sea el motivo de por qué fue cortada.

En el terraplén del lugar vemos otro contenedor, el que pareciera estar habilitado como Camarines. Sin embargo, no se observaban signos de movimiento.

A pocos metros de allí están instalados los postes metálicos que sostiene la iluminación para el sector entre La Puntilla y el Barco Mirador y Playa La Caletilla. Alrededor de ocho postes y correspondientes focos permiten iluminar las dunas y playas del sector, cuidando que sirva de paseo, pero no así para que la juventud la use de mala forma.

Nuestra pasada por algunos puntos, también nos permitió ver cómo terrenos que son Bienes Nacionales de Uso Público son usados por privados –con anuencia municipal y también de la Justicia- con un destino irremediable, conociendo la feble actitud municipal para resguardar el patrimonio que está bajo su administración.

Así también, con otros sitios que aparecen de la noche a la mañana en sectores aledaños al Barco Mirador, uno de los cuales “franqueó” el libre tránsito de la Avenida Costanera y, como no lo supieron defender, la solución fácil fue by pasearlo. ¿Qué se hará cuando sigan apareciendo más sitios?

Tal pareciera que los asesores jurídicos y letrados no saben que un Plano Regulador es un Instrumento de Planificación que estando publicado en el Diario Oficial tiene fuerza de ley y por tanto el Bien Raíz que se adquiera, se compre, se permute, se herede, se remate (incluso por orden judicial) es “ad corpus” (en el estado que se encuentra).

Por tanto, malamente un contribuyente que remata un Bien Raíz puede alegar que se le restituya su terreno adquirido (bajo las formas antes dichas, como ejemplo, porque una calle o una Avenida como se trata en este caso, pasa sobre su recién adquirida propiedad.

No decimos que no tenga derecho a defenderlo; pero debe prevalecer lo que dice la ley. Y en el caso del sitio en cuestión, no cabía otra cosa que resignarse a tener un sitio cercenado o solicitar una indemnización.

Otro detalle, que no escapó a nuestros ojos, es la basura botado por los vecinos en bolsas plásticas fáciles para que un perro u otros la destruyan y dejen esparcido el contenido.

Para ello, se hace necesaria una campaña de educación –como de difusión del calendario de los días y los horarios de pasada del camión recolector, a fin que las bolsas sean sacadas en ese momento y no en otro para evitar focos infecciosos y de olores nauseabundos. Otra solución, es habilitar en puntos acordados con los vecinos la instalación de contenedores plásticos –con tapa- para recibir allí la basura siempre y cuando exista capacidad hasta el día y hora de la pasada del camión recolector.

Desde el inicio poniente de la Avenida Agustín Ross seguimos caminando hasta el Parque. Pero entre esta área verde y la primera escala de acceso a la Terraza, ya no están los tres o cuatro kioscos de madera autorizados hace algunos años.

Hoy son toldos de material ligero que no son acordes y que no contribuyen bajo ningún aspecto a ser armónicos con el lugar. Amén que en la escalinata que comunica Avenida Agustín Ross con Avenida Costanera está ocupada por comercio informal.

Otra de las secuelas de las réplicas del terremoto del 27/F son los daños a las balaustradas de la principal área verde y paseo público del balneario: el Parque Municipal Agustín Ross, Monumento Nacional desde 1988 junto con el edificio del ex Casino, restaurado, remodelado y convertido en el Centro Cultural “Ross”.

Más de un 80% de las balaustradas del Parque quedó en el suelo. También las que habían sido instaladas en los balcones de los dos torreones del edificio que alberga el centro cultural.

Si bien el Parque tuvo reparaciones de la pileta y de su iluminación, no hubo por ahora, recursos para reponer y reconstruir las balaustradas del Parque.

Dos días antes de este largo tour, pasábamos en un colectivo por esa área y el chofer no expresó una interesante observación en torno al Parque.

En resumen, nos hizo ver y coincidir en que, efectivamente, el Parque se luce más sin las balaustradas. El único problema podría ser los animales, caballares, que algunos vecinos tienen la costumbre de soltarlos en la noche y que pueden, eventualmente, dañar los prados, plantas y flores.

Sin embargo, si hay guardias, cuidador o nochero, ello no debiera ocurrir.

Redondeando la idea, si se acordara dejarlo en definitiva sin balaustrada por la Avenida Agustín Ross, igual es necesario reparar el zócalo. Y obviamente dejar los pórticos y puertas, ya que la idea no significa dejarlo sin esas protecciones.

Y si habría que considerar el mejoramiento del pavimento de todos los senderos y espacios libres de prados y jardines.

¿Qué significa mejorar el pavimento?

Esto implica cambiarle el pavimento de tierra por alguna de las siguientes alternativas: maicillo –nivelado y compactado- baldosas y/o adocretos. Y si es la segunda alternativa, quizás, ver la posibilidad de crear mosaicos ad hoc.

Con una superficie mejorada y sobretodo, nivelada, el Parque ganaría una plusvalía y una comodidad que le daría un mayor atractivo aún.

La idea está lanzada y –si se piensa en el futuro seguir con eventos- considerar en esta obra la instalación de sistemas de desagües de aguas servidas (de Lavacopas, etcétera, por una parte) y de tomas de energía eléctrica para stand. Y, necesariamente, más y mejores Servicios Higiénicos; los que se pueden diseñar y ubicar –aprovechando el desnivel en el lado norte- bajo tierra; siendo su loza superior (el techo de los baños) miradores a nivel de la superficie del recinto.

Obviamente que todo esto implica la confección de un proyecto con planos de arquitectura, cubicaciones y presupuesto, aparte de los fundamentos que avalan la solicitud de recursos. ¿Es un proyecto descabellado?

 

Tras visitar el Parque observamos que si bien los daños al ex edificio del Casino no son mayores, no dejan de ser detalles para olvidar. Están por ahí frisaduras de los muros en varios sectores y la caída de la balaustrada de los balcones, entre otros detalles.

Cabe recordar que a los arquitectos de la empresa que realizó el proyecto arquitectónico les informamos que los balcones no tenían balaustradas, sino barandas de madera con “balaustres” torneados. Incluso les hicimos llegar fotografías que mostraban ese tipo de material, sin que ellos lo consideraran.

¡Ahí está el resultado!

 Seguidamente pasamos a recorrer las distintas salas que exhibían muestras y cuyas impresiones ya dimos a conocer en días pasados.

De ahí, algo nos hizo recordar que el ceviche de un par de horas antes no era suficiente. Por lo tanto fuimos a un local cercano para degustar un exquisito chupe de mariscos. Casi cuando ya nos retirábamos, un dúo de guitarristas amenizó los momentos finales, mientras veíamos desfilar un numeroso personal femenino atendiendo una y otra mesa.

Con los acordes resonando en nuestra memoria, de temas del folclor nacional, latinoamericano, continuamos hacia Infiernillo.

Ya no a pié, sino en un colectivo hasta el Aeródromo Municipal. Igual el recorrido nos permitió admirar los cuidados jardines en las veredas frente a algunos vecinos. Aunque el riego de las áreas verdes corresponde al municipio, hay vecinos que merecen nuestras felicitaciones por preocuparse también de regar, cuidar y proteger, lo que habla muy bien del “buen vivir” y ser parte de la comunidad.

Todo lo concerniente al aeródromo ya lo dimos a conocer en artículo reciente …

Sin embargo, continuamos caminando de ahí hacia el umbral sur del Aeródromo, para constatar que la preocupación por el cuidado del medio ambiente sigue en el sector de Playa Hermosa que se inicia desde ahí hacia el sur.

A un paso de nuestra amiga dirigente, Lia Lazo Bravo –hoy flamante presidente de la Junta de Vecinos- pasamos a saludarla. Y, sorpresa, la encontramos –para variar- preocupada de plantas, flores y frutas para preparar mermeladas. Su tradicional hospitalidad nos hace quedarnos y disfrutar de una charla que –entre ella, su madre y “pichilemunews”- se prolonga hasta el atardecer, el que se apaga entre los árboles del lugar y en lontananza el sol se sumerge en el amplio océano que nos regocija e inquieta de vez en cuando.

¿Eso es todo? ¡Definitivamente no es todo!

Hay mucho más qué ver y mostrar; pero será para un segundo tour, y una vez que tengamos engrasadas las bisagras y estemos en mejor condición física.

 

Las fotografías –que son muchas- y que tomamos en este recorrido se publicarán, pero hay que tener paciencia y revisar cuando el artículo esté en Portada.

 


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