lunes, 25 de abril de 2011

El mundo de las letras chilenas despide a Gonzalo Rojas: "Se fue un grande"

La muerte del nonagenario poeta impactó a la opinión pública y a las autoridades, pero también dejó una huella entre los literatos. Su influencia atravesó generaciones y cruzó fronteras físicas.

Fuente: EMOL

SANTIAGO.- Su hijo, Gonzalo Rojas May, había anticipado el desenlace del poeta Gonzalo Rojas cuando declaró que se estaba "apagando lenta y dignamente". Pero aún así la noticia sorprendió a escritores y personalidades de las letras nacionales.

Pablo Azócar, por ejemplo, se encontraba impartiendo clases en la universidad y el anuncio del fallecimiento lo dejó en silencio. No quiso emitir una opinión frente al hecho pero dejó en claro que se sentaría a escribir. “No acostumbro a hablar. Edito libros y luego hago un silencio. Pero por Gonzalo Rojas haré una excepción".

El poeta Jaime Quezada ha sido uno de los autores más cercanos al autor de Lebu, y por más larga data. “Lo conocí muy cercanamente, hace 40 años. Fui su alumno en la Universidad de Concepción. Estudiaba Derecho pero también Literatura. Luego formé parte de un grupo literario llamado Arúspice, donde Gonzalo era un elemento muy importante".

Quezada se dedicó más tarde a estudiar su obra y varios de sus libros llevan prólogos del discípulo. “Parece vanidad lo que digo pero es real. Fui amigo suyo hasta la mismísima madrugada de hoy. Me dediqué a ser gran amigo de Gonzalo”, señala.

La palabra es primordial

Entre los novelistas y poetas chilenos prevalece la opinión del impacto de Gonzalo Rojas en las letras, como uno de los más grandes de la literatura chilena del siglo XX, “y con proyección al XXI”, dice Quezada. “Hace de la poesía una conducta, una forma de vida. Tiene gran preocupación por el el leguaje, por la palabra”, agrega.

Lo mismo advierte el escritor Hernán Rivera Letelier, quien se considera altamente influenciado por los poetas chilenos y sobre todo por la figura de Rojas: “En su obra el lenguaje es lo primordial. Me fascinaba el uso del lenguaje y las palabras. Es lo que yo trato de hacer en mi prosa. Gonzalo Rojas establece un equilibrio fundamental con la palabra. Siempre está al borde de un abismo”, dice.

Rivera Letelier lo conoció en tiempos de la dictadura militar. “Lo trajimos a Antofagasta para que se reuniera con un pequeño grupo de poetas nortinos. Desde ahí tuvimos una relación intermitente, pero éramos muy amigos. Luego nos encontrábamos en las ferias de libros, en los aeropuertos o en ciudades del mundo”.

Como un poeta del mundo también lo ve la escritora Carla Guelfenbein, quien opina que Chile no le dio en vida la categoría que obtuvo fuera. “Creo que nunca fue reconocido completamente en nuestro país, a diferencia del eco que produjo en España, en México o en Colombia”, señala, dolida por el fallecimiento.

“Es una tristísima noticia: se fue un grande”, dice. “Tenía una sensibilidad poética y un gran sentido del humor, que combinaba con seriedad en la creación de su poesía. El lugar que ocupa en las letras chilenas es, simplemente, el de Gonzalo Rojas, con todas sus particularidades”.

 

Ante su partida

PALABRAS PARA GONZALO ROJAS, DESDE BERLÍN

 

Por: Jorge Aravena Llanca, compositor, escritor – Hijo Ilustre de Pichilemu

Mi amistad con el poeta Gonzalo Rojas se inició en los tiempos en que yo era profesor en la Universidad de Chile, Sede Chillán. Siendo director (S) del Departamento de Extensión de la Universidad, me tocó repetidas veces asistir a encuentros conjuntos de ambas universidades, siendo Gonzalo Rojas, Director, en Concepción,  del mismo Departamento y organizador de diversos encuentros de Extensión Cultural, tarea que estaba a nuestro cargo, junto con Alejandro Witker el director Jefe de nuestro Departamento en Chillán.

Gonzalo Rojas, siempre tuvo la deferencia de dirigirse a mí por mi nombre y, recordando, risueñamente, el por qué de nuestra amistad.

Cuando Gonzalo era un joven de 17 años se enamoró de una tía política mía allá en su Lebu natal. Esta tía, Marta Manchot, le dio calabazas, por ser hijo de un pobre minero de la misma zona, siendo ella de una de las familias más encopetada de Lebu. Ahí fue que escribió su primer verso. Lo decía como para no creerle.

Gonzalo, reía al recordar este primer amor que lo llevó a abandonar su Lebu natal y, marchar al norte donde dio clases de castellano a los mineros de diversos complejos metalúrgicos.

Año después, dos veces nos encontramos en Berlín, una para sorpresa de ambos, en el Metro de la ciudad. Sentados frente a frente, me miró y como si hubiéramos estado juntos el día anterior y me invitó a tomar "once" en su departamento berlines.

Durante mis visitas a Chillán tuvo siempre la deferencia de recibirme en diversas ocasiones. Una vez me llevó al Renegado, su casa en Pinto camino a las Termas de Chillán. Ahí lo fotografié para un libro que haríamos en conjunto que nunca se materializó. Me permitió, además, reproducir todo su archivo fotográfico, con este mismo afán. Este material consta de más de 300 fotografías, desde su nacimiento, infancia, juventud, viajes y en compañía de diversos personajes del ambiente poético del mundo entero, de políticos de América y de los Reyes de España que le otorgaron diversos premios que enorgullecen a todo Chile.

Este mensaje que te envío, querido amigo, es una forma de que Pichilemu lo despida como yo desde Berlín, rindiéndole un homenaje desde el mar que lo vio nacer, algo más al sur de nuestra latitud pichilemina, pues Gonzalo Rojas fue hombre de mar, como nosotros, con los pies en la arena firme y la nostalgia de haber vivido en el exilio, alejado de su patria natal, durante tantos años.

¡Adíos poeta Gonzalo Rojas Pizarro!

Tu poesía queda entre nosotros con una de tus exclamaciones más sinceras:

¿Qué se ama cuándo se ama?

Sin duda a los hombres de valer que han engrandecido a la patria. Tú uno de ellos.

 


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