Martes, 21 de junio de 2011

Los ?indignados? no dialogantes

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Por Cristina Bitar? -? La Segunda online

Algo se repite constantemente en las movilizaciones estudiantiles desde 2006 a la fecha: la intenci?n de cargarle al ministro del ramo toda la responsabilidad por la mala calidad de la educaci?n. Pareciera que los estudiantes le adjudican al ministro de turno una especie de responsabilidad hist?rica por todo lo que se ha hecho mal en los ?ltimos 30 a?os en el ?rea. Bien lo supo Mart?n Zilic, quien en 2006 debi? renunciar en medio de la presi?n de la revoluci?n ping?ina. O M?nica Jim?nez, que, jarr?n de agua mediante, tuvo que impulsar las reformas consensuadas entre todos los sectores pol?ticos y que reci?n en este gobierno est?n empezando a funcionar. Ahora es el turno del ministro Lav?n.

Si sacar a un ministro de su puesto o hacerle la vida imposible fuese sin?nimo de mejorar la educaci?n, entonces no habr?a problema en cambiarlo cada vez que fuera necesario. Pero claramente los problemas dependen de medidas mucho m?s complejas y de largo plazo.

Los estudiantes tienen todo el derecho a reclamar por una educaci?n de calidad y por un sistema que no implique que el costo de su educaci?n les signifique vivir endeudados el resto de sus vidas. Ambos son reclamos leg?timos, pero las protestas no parecieran apuntar a resolver directamente esos problemas. Fortalecer la educaci?n p?blica o el fin del lucro no pasan de ser frases rimbombantes, que no dan cuenta de la realidad de la educaci?n chilena en los ?ltimos treinta a?os. De cien mil estudiantes en educaci?n superior pasamos a un mill?n; aproximadamente 8 de cada 10 estudiantes universitarios son el primer miembro de su familia en llegar a la universidad, y no hay mayor palanca de movilidad social que ?sta. Es decir, hemos vivido una revoluci?n educativa que s?lo ha sido posible gracias a la incorporaci?n de la iniciativa y el empuje privados, y al cambio en la modalidad de financiamiento. Pero eso no est? realmente en la mente de los alumnos ?indignados?; ellos simplemente quieren educaci?n p?blica, gratuita y, al final, m?s elitista.

Los dirigentes estudiantiles no pueden pretender imponer sus visiones sobre el rol de la educaci?n, su financiamiento y estilo a todo el resto del pa?s. La base de un di?logo democr?tico requiere que se confronten distintas visiones ideol?gicas y t?cnicas para llegar a acuerdos en cada uno de los temas de relevancia. No por tener m?s universidades o colegios en toma las propuestas de los estudiantes se convierten en leg?timas, ni mucho menos en la panacea sobre c?mo mejorar la educaci?n. Creer que la ?nica soluci?n es la propia y que la ?nica propuesta v?lida es la que ellos ponen sobre la mesa, es el primer paso al fracaso. En ese sentido, le falta a la dirigencia estudiantil darse cuenta de que el enemigo no es el Gobierno o el ministro de Educaci?n, sino que ellos son los posibles aliados en una batalla contra los problemas que aquejan al sector.

La fuerza y el empuje que han mostrado los estudiantes en estos d?as nos demuestran que hay una generaci?n dispuesta a darlo todo por obtener lo que ellos creen justo, pero tambi?n nos advierten de lo peligrosa que es la falta de di?logo y del af?n de imponer sus posturas como si fueran verdad absoluta.

Creo que los dirigentes lograron lo que buscaban con las movilizaciones y tomas: mejorar su posici?n negociadora frente a la autoridad, ganar visibilidad y fuerza para luego sentarse a convenir una agenda de trabajo con el objetivo de tener una reforma participativa de la educaci?n. Ahora lleg? el momento del di?logo constructivo, donde se pueda canalizar toda la fuerza que se ve en las calles hacia la b?squeda de las soluciones concretas que resuelvan los problemas que hoy existen en la educaci?n.


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