Martes, 14 de julio de 2009

“LA TIRANA”, “EL CHORO SORIA”, LA MINA “ESCONDIDA” Y UN PICHILEMINO

Estando estudiando el año 1970, en la sede Iquique, de la Universidad de Chile, pese a que muchos de mis compañeros –también del sur- pudieron viajar a la fiesta de “La Tirana” aquel año, el autor de este artículo se tuvo que conformar con ir días después a una fiesta en una plazuela iquiqueña donde parte de los promeseros y cofradías rendían su último homenaje a la Virgen del Carmen, antes de guardar su indumentaria hasta el próximo año.
Estábamos en una carrera vespertina y con la necesidad de ayudar a financiar la carrera, llevaba una tarjeta de saludo para el entonces alcalde socialista Jorge “Choro” Soria Quiroga, suscrita por un regidor socialista de Pichilemu –mi padre- solicitando una oportunidad de trabajo para mí.
Pese a que después de algunos días de expresar nuestro deseo de entrevistarme con el alcalde Soria, éste me recibió y me preguntó acerca de mi padre, su compañero, dio instrucciones a uno de sus funcionarios para que anotara mis datos y dirección donde pagaba pensión -con muchas dificultades a decir verdad- nunca más volví a su despacho. Y menos recibí alguna citación, como se me señaló apenas hubiera una novedad ante mis pretensiones de trabajar, como una forma de alivianar la carga a mi familia de once hermanos.
El año 2003, a casi tres años de retornar al norte, esta vez a Antofagasta para trabajar en el mineral La Escondida, descubierto en Marzo de 1981, planifiqué un viaje a Iquique junto a mi señora y único hijo, a ese momento.
Cuánta fue mi sorpresa al entrar a un local comercial a almorzar, cuando el propio “Choro” Soria nos atendió muy amablemente.
Todo iba bien hasta que le dije que le conocía desde el año ’70 y recordé en qué circunstancias había ido a saludarlo a su despacho en la alcaldía. Su evidente incomodidad fue notoria cuando sin ánimo de seguir oyendo detalles, se excusó para atender a otras personas que llegaban a su local en la calle Tarapacá, a un costado del edificio municipal.
No sabemos si nos creyó o no la historia, o sencillamente pensó en que éramos un agente encubierto de quienes lo tuvieron –primero detenido en Pisagua junto a otras personas- y luego, relegado por unos años en Mulchén, pese a que el “Tata” era su padrino, de esos años en que Pinochet cumplía destinación en Iquique, al tiempo que el padre del “Choro” Soria era Intendente de Tarapacá.
Ese mismo año, en la noche del día 15 de Julio partí en un viaje especial junto a mi hijo, entonces de 7 años, a “La Tirana; llegando allí en horas de la madrugada del día 16. Sin imaginar la temperatura a esas horas, viajamos con ropa liviana que nos hizo deambular de fogata en fogata de los grupos y familias que se amanecían y que iban llegando desde diferentes puntos del país.
Ya de día vimos Buses hasta de nuestra región, aparcados en diferentes lugares, como cientos de otros desde los más recónditos lugares.
El gentío era impresionante a cada minuto pues no cesaban de llegar personas, la mayoría para conocer en qué consistía esas muestras de veneración y de sacrificios de quienes llegaban a pagar mandas a la Virgen, en tanto que a la par de las cofradías que bailaban hasta el paroxismo, otras miles de personas hacían fila para recorrer el templo donde estaba la Patrona. Pese al aburrimiento de estar esperando horas en llegar al interior del templo, solo para ver y persignarse en el Altar, cumplimos con ese ritual.
Pero también, como una forma de aprovechar esa ocasión, tomamos locomoción a Matilla y a Pica, lugares relativamente cercanos donde pudimos conocer las iglesias y santos de la época de la colonia que eran verdaderas obras de arte. Fotografiamos todo lo que nos pareció interesante, material que –en este momento- por desgracia no lo tenemos a mano.
Algún día debo volver a La Tirana, sino con mis dos hijos, con el que nació meses después, para pagar una “manda” a la Virgen del lugar y que hoy, quizás por única vez desde que se venera, no llegarán a saludarla ni a bailarle gracias al “milagro” de la porcina.
Llegué tan impresionado de esa ocasión en La Tirana, aparte del frío que experimentamos junto a mi hijo, pese al calor de las fogatas, que escribí un artículo sobre ello y lo despaché a diarios y periódicos de nuestra región.
Y aunque se que “El Cóndor” de Santa Cruz lo publicó textual no pude encontrar su archivo. Si el que publicó “La Región” de San Fernando, un tanto reducido y que acá transcribimos:    

ORIGENES DE “LA TIRANA”

La Región, 23 de Julio 1983

Los orígenes de la devoción a la Virgen de La Tirana no es precisa, sin embargo la base histórica surge de la incursiones del español Diego de Almagro a Chile. Y la leyenda concordando en parte con lo anterior, dice: “Regresaba Almagro, de Chile a Perú en uno de sus viajes, acompañado por su Ejército y por sus guerreros indígenas, entre los cuales estaba Paullo Topa Inga, príncipe e hijo de Huaina Capac. Igualmente el Sumo Sacerdote incásico Huinac Uma.
En esas instancias, a la altura de la Pampa del Tamarugal, los guerreros indígenas junto al Sumo Sacerdote fue capturado y ejecutado en presencia de su hija, la “ñusta Huillac”, princesa descendiente de Huáscar.
Después de este hecho, la ñusta –que era bella como princesa de leyenda- logra huir acompañada de cientos de fieles y experimentados jefes incaicos; refugiándose en el bosque de tamarugos y prometiendo vengar la muerte de su padre, dando muerte a todo cristiano (léase españoles) que cayera en sus manos.
Pronto su belleza y crueldad se hacen conocida en vastos y distantes lugares; uniéndosele más guerreros y servidores que ven en ella un símbolo de redención contra el invasor, convirtiéndose por su odio a los cristianos, a los ojos de éstos, en una cruel “Tirana”.
Así sigue su fama  hasta que, un día un portugués solitario de nombre Vasco de Almeida, que buscaba un rico derrotero minero en las cercanías, cae prisionero de la ñusta Huillac. El minero de mostró altivo y sin temor a la muerte, ante la princesa.
Y ésta, compadeciéndose decide salvarlo, señalando a sus servidores que, consultado el Dios Inti, el prisionero solo podrá ser ejecutado después del cuarto plenilunio.
De ahí en adelante el tiempo pasa lento y a los jóvenes –la princesa y el minero- los toca el amor, pasando juntos largas jornadas y donde, tras enseñarle el cristianismo, la princesa decide ser bautizada por su amado.
A todo esto los sacerdotes indígenas sospechaban ya de los enamorados y los vigilaban. Por ello, cuando se iba a concretar el bautismo y el minero levanta una cruz para convertirla al cristianismo, llega a ellos una lluvia de flechas, de quienes les observaban escondidos, terminando con la vida de ambos jóvenes.

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Siguiendo con la leyenda, esta dice que años más tarde un cura que pasó por el lugar encontró la cruz. Y este creyendo ver en el hallazgo una señal divina y conociendo por los lugareños la trágica historia sucedida ahí, levantó en el mismo sitio una Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de La Tirana.
Con el tiempo el fervor de los prometeros le designan también como su “Madre Soberana”, la “Virgen Milagrosa”, la “Gran Señora” y la “Emperatriz de los Cielos”.

 

      


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